Opinión

Un nuevo impulso a la Agenda 2030

Por
  • PABLO IGLESIAS TURRIÓN (VICEPRESIDENTE DEL GOBIENRO DE ESPAÑA)
OPINIÓNACTUALIZADA 01/02/2021 A LAS 01:00

La Agenda 2030 es la hoja de ruta para superar las consecuencias que dejará la pandemia y afrontar la reconstrucción, en nuestro país y en todo el mundo. España ha apostado por una firme implicación con la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a través de la creación de una Vicepresidencia encargada de la política del Gobierno en esta materia. Para el Gobierno de España, la Agenda 2030 representa la piedra angular a partir de la cual articular las políticas internas, la acción exterior y la articulación del conjunto de nuestras iniciativas, garantizando la coherencia de todas las políticas con el desarrollo sostenible. La lucha por la reducción de las desigualdades ha sufrido un duro golpe con esta pandemia, pero los objetivos que nos marcamos en 2015 son alcanzables si logramos renovar y reforzar el compromiso de todos los países con la Agenda 2030, generando alianzas que nos permitan cumplir con los ODS.

Iberoamérica es un espacio de enorme significado para nuestro país y las consecuencias de la pandemia allí han sido terribles en número de fallecidos. Por si esa tragedia no bastase, según la Comisión Económica para América Latina y Caribe de la Naciones Unidas, la economía de la región se hundió más de un 7% en 2020 y serán necesarios varios años para recuperarse del duro golpe. La pandemia ha magnificado históricos problemas estructurales, por lo que es ineludible abordar la recuperación desde la colaboración, estableciendo alianzas y generando dinámicas de cooperación mutuamente beneficiosas.

La Agenda 2030 nos indica que es necesario promover sociedades donde se garantice la igualdad y una protección social justa y eficaz. Para ello, debemos mejorar la regulación de los mercados financieros mundiales para que contribuyan (y no dificulten) al desarrollo y la justicia social, abordando reformas de manera decidida que impidan los movimientos especulativos y desestabilizadores. Y debemos abordar la cuestión de la deuda externa de los países latinoamericanos, con el foco puesto en su desarrollo para que el continente pueda -de una vez por todas- librarse de las recetas neoliberales del pasado y caminar por la senda del desarrollo sostenible.

El virus ha puesto de manifiesto también la ineludible necesidad de reforzar nuestros sistemas de salud pública, porque no puede haber desarrollo sin salud para todas y todos. Este no es un bien con el que se pueda mercadear. La Agenda 2030 apuesta por lograr la cobertura universal y el acceso a medicamentos aumentando la financiación de los sistemas sanitarios y reforzando así la gestión de futuros riesgos. La esperanza es que 2021 sea el año en que derrotemos definitivamente a la pandemia. Para conseguirlo, tendremos que trabajar para que la vacuna llegue al mayor número de personas posible, pero nuestro esfuerzo debe extenderse también a aquellos países con dificultades para obtenerla. Del mismo modo, si algo ha evidenciado la crisis de la Covid-19 es que los servicios públicos son el último y a menudo único reducto de protección para la mayoría de la población. Necesitamos construir sistemas estatales de cuidados que protejan adecuadamente a las personas cuando las cosas se ponen difíciles.

Lo ocurrido recientemente en Estados Unidos ha servido para quitar la careta a los movimientos políticos de ultraderecha que, en todo el mundo, tratan de aprovechar la situación de crisis (hoy la pandemia y mañana cualquier otra) para desacreditar la democracia y la legitimidad de las instituciones y los gobiernos emanados de elecciones libres, aun a costa de poner en juego miles, millones de vidas. Se trata de un peligro real, inmediato y de incalculables consecuencias si no se le planta cara. Cumplir con los ODS es apostar por reducir la violencia en todas sus formas, promover el Estado de Derecho y el acceso igualitario a la justicia, combatir la corrupción y el soborno, crear instituciones eficaces y transparentes al servicio de toda la ciudadanía, fomentar la participación en los asuntos públicos y fortalecer las instituciones democráticas.

La Agenda 2030 no es solamente un pin en la solapa, sino el compromiso de todos y cada uno de nosotros con el desarrollo sostenible y con el horizonte del año 2030 para lograrlo. El momento es aquí y ahora, para ello necesitamos una eficaz política de alianzas que impulse el cumplimiento de la Agenda 2030 en todo el mundo y muy especialmente en América Latina, con la que tantos y tantos lazos históricos, afectivos, culturales, económicos, políticos y de todo tipo nos unen.

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