Opinión

Ese mal genio

Por
  • TEÓFILO MARCO ESTELLA
OPINIÓNACTUALIZADA 21/02/2021 A LAS 01:00

No sé si porque su equipo de fútbol no ha ganado, o porque sus ideas, gustos y opiniones políticas, profesionales y familiares no se han realizado, hay personas que van por la vida con gestos descompuestos, ojos acerados y rictus fastidiosos que desfiguran el rostro; intemperancia impaciente y sentimientos explosivos e incontrolables que llenan de amargura y disgusto la vida. Ese mal genio es chispa que destruye y alborota y ofusca una cordial convivencia familiar, profesional y social.

Muchas veces, lo que más nos pone de mal genio es que los demás no opinan como nosotros. Hay que ver claro que eso no es normal. Que el choque de opiniones es inevitable porque la vida es así: muy diversa. Hay que saber tener una opinión y saber, al mismo tiempo, que el prójimo puede tener la suya. Nosotros, nuestros gustos, él los suyos. Y meditar, luego, que nosotros podemos no estar en lo cierto, sino él; que él puede estar equivocado y nosotros en la postura exacta? Pero también podemos estar equivocados los dos, o los dos en lo cierto.

Más de una vez, el mal genio sobreviene por discusiones tontas, por el choque violento de pareceres y manías, por cosas sin interés para nadie y para nada. Y todo por pretender imponerlas a los demás. Y, cuando esto no es posible, arrugando el ceño y sembrando de amargura y disgusto y roces el propio hogar, la convivencia con la esposa y los hijos, la amigable compañía de los que están cerca, damos vía libre al mal genio.

Por ese mal genio, seriedad en el rostro, respuestas con monosílabos, gestos fríos y cortantes, sembrando por todas partes la desazón y la falta de simpatía y suavidad, nos comportamos un poco como burros tercos y no como personas civilizadas.

Es oportuno recordar que ese mal genio es una mala obra que se hace contra la vida social y ciudadana; un empeño de amargar la existencia a todos los que nos rodean, faltando con ello a la más elemental caridad y al sentido común más obvio. Caminamos por el mundo entre otras personas. El hombre es sociable por naturaleza. Somos de todos en gran parte. Y nos debemos a todos. Debemos no hacer sufrir a los demás por nuestro mal genio.

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