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Musk, la electrolinera de Huesca y el loco futuro

Por
  • Javier García Antón
OPINIÓNACTUALIZADA 25/02/2021 A LAS 00:05
Elon Musk A Rienda Suelta
Cohetes de SpaceX de Elon Musk
Agencia EFE

EN UN LUGAR recóndito de mi memoria, siempre aflora que la película campeona en desternillarme de risa fue “La loca historia del mundo” de Mel Brooks. Eran mis tiempos universitarios y la carcajada fluía con ímpetu juvenil.

Cuando leo algo sobre Elon Musk, artífice de los ingenios automovilístico Tesla y de la ciencia ficción que será realidad que son SpaceX, me río, luego sonrío y, finalmente, me turba una nube de inquietud. Incluso un escalofrío.

La última entrevista que ha concedido, güisquis en ristre, vaticina unos orgasmos “Neurolink” cien veces más placenteros que los naturales, implantes mediante. Promete que su Starship, la nave que orbitará por la tierra en viajes de punta a punta terráquea, entrará en funcionamiento en 2023 y llegará a Marte en 2026. Pero advierte: el paseíllo hasta el planeta rojo estará impregnado de peligros hasta el punto de que puede provocar la muerte. Caprichos de billonarios amantes del riesgo. Y, quizás, pioneros de una futura civilización humana allí: el Gran Filtro.

Sepan que el gran Musk, que compite abiertamente con Bezos por el campeonato mundial de millonarios, contempla una electrolinera en Huesca para su Tesla. No les pille de sorpresa si, en su desarrollo previsto, ven un bólido a medio metro de altura, eso sí, con muchísima sostenibilidad ambiental.

Lo inquietante del marido de Grimes, con quien concibió un bebé llamado X Æ A-Xii (sic), es que advierte de los peligros de la Inteligencia Artificial. Y es que es forofo de ese juego de rol llamado El Basilisco de Roko, cuya metáfora para el porvenir anuncia que los robots nacidos para hacer el bien, si no se les dota de los recursos, se vuelven letalmente contra el humano. A mí me mola tirando a poco. l

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