Opinión

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Recuerdo y nostalgia de Pablo Esperanza "Cacón"

Por
  • Francisco San Emeterio Ortiz
OPINIÓNACTUALIZADA 03/03/2021 A LAS 00:05
Pablo Esperanza "Cacón"
Pablo Esperanza "Cacón"
S.E.

ESTE 1 de marzo de 2021 conmemoramos el cincuentenario del fallecimiento de tan insigne mayoral del dance, actividad de religiosidad popular a la que había permanecido fiel durante nada menos que setenta y tres años. Toda una vida.

Nació en Huesca el 23 de junio de 1885 y se incorporó a la hermandad de danzantes labradores en las fiestas laurentinas de 1898, cuando el siglo XIX comenzaba a difuminarse llevándose consigo las últimas colonias españolas de ultramar y dejando a España sumida en profunda una crisis económica, política y social. Con tan sólo trece años recién cumplidos Pablo ya tuvo el honor y la responsabilidad de ocupar el puesto de danzante de cuadro que dejaba vacante el nuevo mayoral Félix Palacio Lalana “Calixtro”.

Fue danzante en tiempos de incertidumbre viendo pasar ante él dos guerras mundiales, la gripe mal llamada “española” puesto que era norteamericana, nuestra guerra civil y los dolores, pobrezas y hambrunas de la consiguiente posguerra. Y nunca dejó de danzar a Huesca y a San Lorenzo.

En 1947, cuando ya cumplía medio siglo como danzante, pasó a ocupar el puesto de mayoral. Su primer año en ese cargo no pudo ser más apoteósico ya que el entonces alcalde oscense, don Vicente Campo, concedió el Escudo Colectivo de la Ciudad al grupo de danzantes de Huesca y, en recíproco agradecimiento por tal distinción, dicho colectivo lo nombró asimismo Mayoral Honorífico a perpetuidad. No acabaron allí los honores pues el día 22 de agosto el Orfeón Oscense los homenajearía igualmente en el teatro Olimpia con un acto al que asistirían las autoridades locales y provinciales. En medio de tanto éxito, fueron invitados a participar veinte días más tarde en las binefarenses fiestas patronales del Santo Cristo de los Milagros.

También 1951 sería un año de bienaventurado para Cacón y los danzantes ya que éstos se desplazaron a Barcelona para tomar parte con sus bailes en la Semana de Aragón actuando en el Pueblo Español, en la plaza de San Jaime y en el posterior pasacalles hasta la iglesia de la Merced.

1957 fue otro año de gloria para la institución oscense al participar, aunque fuera de concurso, en un festival de dances aragoneses durante las fiestas del Pilar, en el Teatro Principal de Zaragoza, recibiendo de la Diputación Provincial de Zaragoza la medalla de oro.

Pero si hay algo que me gustaría destacar de Pablo Esperanza es que durante su mandato, para garantizar la continuidad de tan oscense tradición, buscó la incorporación al grupo de jóvenes procedentes de profesiones liberales, no ligados al mundo labrador y que, además, no llegaban de familias o ascendencias de otros danzantes. Así fue como comenzaron el médico Rafael Palacín, el arquitecto Raimundo Bambo, el comerciante Santos Santolaria y otros muchos de otras tantas ocupaciones entre de los que yo me incluyo.

Pablo Esperanza no dejó el dance hasta el último año de tu vida, tal como habían hecho los mayorales Félix Palacio, León Gracia y Bienvenido Susín que lo habían precedido. En 1970, su postrer año como director, danzaron con él sus hijos Anselmo y Jesús. Y hoy todavía están en activo dos nietos suyos, Jesús Esperanza, maestro jubilado y presidente de la Agrupación, y Fernando Esperanza, funcionario, quienes han mantenido y garantizarán en el futuro la tradición danzante de los Cacones.

En cuanto a mí, no olvido que fue de su mano como pude entrar en el dance, primero de rabadán de la albahaca y luego como danzante de cuadro. Sólo guardo de Pablo gratos recuerdos de admiración y de agradecimiento por haberme abierto las puertas a esta tradición oscense que siempre me ha llenado de orgullo y que tan importante ha sido a lo largo de mi vida. ¡Quién me habría dicho en 1967, cuando “Cacón” lo era todo en el dance y yo tan sólo un simple rabadán de veinte años, que un día tendría el honor de ocupar su puesto de mayoral!

Pablo fue querido y admirado por todos los oscenses y a buen seguro que hoy habría recibido reconocimientos y alguno de esos galardones que hoy se conceden.

No quisiera acabar estos buenos recuerdos sin reproducir los últimos versos de la Carta del Mayoral de los Danzantes, escrita por Rafael Estaún Aguilón en vísperas de las fiestas del San Lorenzo de 1971:

Ya sólo queda “diciros”

“pa” “dispedirme” de todos

que el día de San Lorenzo

penséis con el corazón

que el “ÁURA” y el “CARA a CARA”

“sus” los dará desde el Cielo

Pablo Esperanza “ CACON “.

Mayoral del Dance Oscense

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