Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

"Tabor" y Pasión

Por
  • Félix Rodríguez
OPINIÓNACTUALIZADA 11/03/2021 A LAS 07:45
La Pasión representada en Salesianos de Huesca
La Pasión representada en Salesianos de Huesca
D.A.

Pocos días después de que Pedro tentara al Señor con la idea de no ir a Jerusalén, les muestra un anticipo de lo que será la Gloria, para darles ánimos, pero no entendieron que no podía quedar todo en el Tabor, que el ofrecer hacer las tres tiendas era otra tentación, tal vez más sutil. Si así hubiera sido, no habría habido Redención. A lo largo de nuestra vida también hay momentos, días o incluso temporadas de “Tabor” en que todo sale bien, en que la vida sonríe y otros de “Pasión” en que vienen mal dadas.

E internamente pasa lo mismo; se cuenta una anécdota de Leonardo Da Vinci, que cuando estaba pintando el gran cuadro de la Santa Cena en Milán, se encontró atascado porque no sabía como pintar la cara de Jesús; se le ocurrió salir a la calle y deambulando encontró un muchacho angelical al que le explicó el problema y le propuso hacer de modelo y éste aceptó. Pasado bastante tiempo, llegó el momento de pintar a Judas y se encontró en la misma encrucijada, así que volvió a salir a la calle y entonces encontró a un mendigo, borracho, sucio, desgreñado, maloliente y se lo llevó al estudio. En esa noche pintó su rostro. Por la mañana cuando estaba contemplando el trabajo reparó en que los rasgos de Jesús y de Judas eran muy parecidos, tan parecidos como que eran del mismo modelo. Y es que todos llevamos en el alma la huella de Jesús pero también la del pecado. Hemos de poner algo de nuestra parte para que prevalezca la huella del Señor. Decía San Agustín: “El Señor que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Nuestra vida es un campo en el que el Señor ha sembrado trigo, la gracia, que nos hace hijos suyos y hace que poco a poco, si pongo de mi parte lo que pueda, me vaya pareciendo a El; pero el demonio sembró la cizaña y también puede conseguir que me parezca a él. Hay por ahí un dicho que dice: A partir de los cuarenta años, cada uno es responsable de su cara. Hemos de admitir que tenemos buena y mala simiente. La misión es descubrir lo bueno y cultivarlo para que crezca

¡Que estupendos son los días “Tabor”, luminosos, gratificantes, con la sensación que se tiene de que uno está actuando en el buen camino Pero ¿y los días negros? En cuanto a estos días oscuros, descorazonadores; se nos presentan tres actitudes para enfrentar las dificultades: la rebelión. ¿Por qué me tiene que pasar a mí? ¿Por qué ahora? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?. Rebelión que no lleva a ninguna parte, porque es de insensatos pretender desde nuestra finitud querer comprender los planes de Dios. Otra actitud es la de la resignación, que yo creo que es aún peor, porque es admitir que no hay más remedio que pasar por el aro. En la Facultad decíamos frente a los problemas graves: “Todo se arregla con agua y resina” (aguantarse y resignarse), es decir, que si pudiéramos escapar, escaparíamos, por lo tanto no parece que tenga mayor mérito. Y la tercera actitud es la de la aceptación, la que dice el salmo 13,6 “Que yo en tu amor confío…”, porque “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Salmo 22,1) y esa es la que enriquece. Leí en un escritor japonés, del que no recuerdo el nombre, que el dolor es obligatorio pero el sufrimiento es opcional. La aceptación es lo contrario al sufrimiento, porque se acepta con alegría.

Hemos de disfrutar de los momentos “Tabor” que el Señor nos regala, claro que sí; y hemos de armarnos bien pertrechados con la oración y con la confianza en el Señor que tienen los hijos con su Padre para aceptar con alegría los momentos de “Pasión”, en el conocimiento de que el Señor sabe que estamos con El, que le decimos con Pedro: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo” y en la seguridad del centurión que rezamos en la Comunión: aunque “No soy digno de que entres en mi casa, una palabra tuya bastará para sanarme”.

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