Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

El gozo del final que debe ser toma de impulso

Por
  • Antonio Naval Mas
OPINIÓNACTUALIZADA 12/03/2021 A LAS 00:05
Llega a Barbastro el último lote de arte sacro
Llegada a Barbastro del último lote de arte sacro
G. A.

El final que ya celebramos había llegado a percibirse como muy incierto. El obispo Pérez, contra viento y marea, y no al margen de consistentes exhortaciones disuasorias arriesgó, y ha acertado. Ha puesto un gol magnífico. Ahora su logro es el de todos, pues como en los partidos, cuando los nuestros ganan, todos hemos acertado en el juego.

No ha resultado cierto que las sentencias del Vaticano siempre se cumplen. El ya hoy cardenal Monteiro, entonces nuncio, se propasó en esta afirmación. La iglesia todavía tiene pendiente una reforma en profundidad. Ya no vende imagen dormirse en la prepotencia aunque se edulcore,

Este devenir durante veinticinco años ha sido de desconcierto, pues de desconcierto es la fragmentación administrativa de nuestro país. Si las comunidades, bautizadas como nacionalidades, tuvieran en sus objetivos buscar la convivencia y solidaridad entre los españoles, no hubiéramos visto como un desdoro tener las piezas expuestas para disfrute de cualquiera, a 60 kilómetros de Barbastro y a menos distancia de algunas de las parroquias de las comarcas orientales de Aragón. Llevábamos décadas en que esto no se había visto mal. Que nadie ponga en duda nuestra capacidad de convivencia radical y, ni de lejos, se atreva a pensar que nos mueve el deseo de fastidiar al prójimo, aunque se automargine en el contexto de España. Los catalanes tienen que ser conscientes de que un Concilio provincial como el Tarraconense (1995) no debió ofrecer nada que mostrara desafío en su descontextualizada autoafirmación, y que antojos como el de los “papeles de Salamanca” (2013), como muchos antojos, son un revulsivo con efectos secundarios.

Ni la Iglesia de Barbastro ni la de Aragón, ni la Iglesia deben dar por concluido un asunto como este. Las cosas están mal, muy mal, y el riquísimo Patrimonio artístico-religioso creado bajo su gestión, haciendo palpable la creencia y preferencias de los fieles, actualmente está ante horizontes que ya se vislumbran como muy inciertos y procelosos. Sus gestores tienen que querer verlo. No puede volver a suceder como con el asunto de los Bienes del Litigio del que el Vaticano pensó que con el paso del tiempo se superaría olvidándolo. No se ha olvidado, se ha podrido. Han sido cinco obispos de Lérida que no ha seguido sus instrucciones. Lo que era asunto de régimen interno eclesiástico respetado por el ordenamiento jurídico español, ha sido finalmente solucionado por la administración civil.  Atención.

Al margen de estas peculiares constataciones que deben subyacer en toda estrategia, hay que seguir adelante: en relación con el exmonasterio de Sigena están pendientes el traslado de los frescos, desde el MNAC, y la reclamación de todo lo todavía depositado en el Museo hibrido-diocesano de Lérida. Entre sus piezas las hay tan sobresalientes como la sede de doña Blanca, las tablas del retablo mayor, la Virgen del locutorio…. Ciertamente bien conservadas y bien restauradas por los leridanos, pero con la inherente secuela de quien defiende taxativamente la voluntad de que las nuevas relaciones entre comunidades regionales españolas se articulen en la separación y distancia, aunque estos nunca fueron comportamientos históricos.

Por supuesto, el obispo Ruiz tiene que superar el largo posicionamiento ceremonial y pasar a la etapa de iniciativas eficientes. El retablo de Berbegal existe porque un obispo de Lérida afortunadamente lo sacó del pueblo (1904), y porque los gestores catalanes del museo lo han conservado adecuadamente, pero llegado el momento de la emancipación o divorcio cada adoptado debe retornar a sus ancestros. Este asunto, los bienes de la diócesis de Huesca en la de Lérida, no puede seguir quedando reducido a estrategia simulada pues, como en otras cuestiones a estas alturas todavía pendientes, fieles y ciudadanos necesitan ver interés e ingenio, capacidad y voluntad, conciencia de la realidad y coraje para afrontarla.

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