Opinión

A rienda suelta

Señal de precio

Por
  • Javier García Antón
OPINIÓNACTUALIZADA 15/04/2021 A LAS 00:05
vino Callizo restaurante Aínsa
Rodear el vino de sensaciones ayuda a disfrutarlo.
D.A.

POR LEY biológica, pocos conocen la anécdota real de aquella persona que tiró de esnobismo para impresionar a unos clientes con los que comía. Adujo que el rioja de 3.000 pesetas desprendía olor a corcho y el propietario le dio la razón, hizo un trueque con otro de 115 rubias, lo colocó en el decantador, asintió con entusiasmo el aludido (“¡ahora sí está rico!”) y se cobró el precio de la picaresca. El tique marcó 3.000 y el dueño comió con aquel espléndido caldo al coste de la de 115. Un festival (Barón de Regrustrán dixit).

Una investigación científica -seria- en la Universidad de Basilea constató que, cuanto más caro es un vino, mejor nos sabe. Obedece a una técnica de márquetin y psicología denominada “señal de precio”.

El estudio se valió de una cata con 140 personas que vieron, en tres situaciones distintas, el precio real, el falso y la ausencia de cualquier número en la botella. Los vinos más caros excitaron la expresividad de los catadores, que asociaron mayor intensidad de sabor en un juego en el que se falsearon algunas etiquetas (sólo les faltó decir “¡sí que está rico!”). La sugestión, que tanto manipulan las técnicas de neuromárketing, es desgraciadamente un valor seguro. De hecho, grandes comunicadores como son los enólogos consiguen en las pruebas el efecto que desean. También eso es anuencia de rebaño.

Podrían tomar nota las farmacéuticas y los gobiernos. En la defensa de la Astrazeneca o la Janssen, no estaría mal que omitieran el coste para la sanidad pública de estas vacunas, porque inmediatamente hacemos la comparativa con la Pfizer o la Moderna y gritamos lo del anuncio del Renault 4: ¡viva la diferencia! Y es posible que no sea así, pero... la subjetividad manda. l

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