Opinión

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Triunfadores estériles

Por
  • Alberto Fandos Portella
OPINIÓNACTUALIZADA 24/04/2021 A LAS 00:05
ayuso
Isabel Díaz Ayuso
Agencia EFE

La medalla no siempre va acompañada del poder. Díaz Ayuso podría sumarse al club de los Illa, Gabilondo, Arrimadas y compañía como fuerzas políticas más votadas que no consiguen formar gobierno. Triunfadores estériles. La falta de representación de Vox en Madrid podría suponer la pérdida de su ciudad motriz por excelencia. Exhibirse como la alternativa política a Sánchez pasando por encima de Casado ha surtido efecto. Maniobras unilaterales como el tanteo ruso por la compra de Sputnik lo demuestran. Acude al epicentro del antieuropeismo populista representado en un líder al estilo imperial al que - singularidades y credos a parte - trata de parecerse. Lo de ‘comunismo o libertad’ se desvanece al salir de España. La precampaña para 2023.

A diferencia de Casado en el ámbito nacional, en Madrid Ayuso no sabe a poco. Su espectro copa el umbral ideológico de Monasterio. Incluso es mejor valorada que los líderes de Ciudadanos y Vox según sus propios votantes. Abascal, al rescate, se pone al frente de los mítines para no caer en el olvido. Lo de Vallecas - injustificable - es el detalle perfecto para meterse en campaña.

A esto hay que sumarle la corriente de polarización social que ha inundado Madrid. El blanco o negro provocado - más allá de Ayuso - por la candidatura de Iglesias. Lo que debería traducirse en un elemento movilizador de la izquierda, se convierte también en una motivación sin precedentes de la derecha. Voto castigo. Iglesias, o antiIglesias; Ayuso o antiAyuso. Votar “en contra de”, en lugar de “a favor de”. El rechazo frente a la convicción.

La participación del sur de Madrid será clave para la izquierda. Aquella que suele dar un golpe sobre la mesa cuando se activa pero que en muchas ocasiones decide permanecer inmóvil por el rencor que le caracteriza. A diferencia de la derecha, no perdona si el partido al que le deposita la confianza le falla. Acudieron a las urnas por Gabilondo, quien venció, pero no convenció para constituir gobierno. El catedrático es un hombre de estado, ajeno a la confrontación y al reproche. Tanto es así que la oposición a Ayuso ha sido ejecutada por Más Madrid, no por el PSOE.

La gestión económica - que no la de sus residencias - ampara a Ayuso a pesar de la caída del PIB por la pandemia (sube un 4,4% frente al 0,4% de media nacional). Meritorio, sin duda. Aunque grandes potencias como Madrid o Bilbao cuentan con los ingredientes para ello. Un crecimiento exponencial en Huesca o Jaén, con sus peculiaridades y escasas oportunidades, sería de Nobel de economía. Caso aparte el de Cataluña, por la falta de gobierno y de proyecto. Esquerra, cegado por la locura soberanista, no apuesta por la alternativa constitucional e Illa no aparece. Como Sánchez, o no está, o no se le oye.

La crisis económica, sanitaria y social exige liderazgo, y los españoles apenas ven a su presidente. Menos mal de los actos conmemorativos y de las sesiones de control en el Congreso. Esas donde se grita mucho y se habla poco. Errejón lo experimentó cuando planteó el problema de la salud mental. “Vete al médico” le espetó un diputado del PP. Desolador, cuanto menos, habida cuenta de que una de las causas principales - si no la que más - de nuestra constante merma psicológica es la de tener como representantes ciudadanos a personajes de este calibre.

Ganar no siempre significa ser el primero. Y, de nuevo pero con intercambio de colores, Madrid puede confirmarlo. El castigo popular será protagonista. Los triunfadores, quizá estériles. l

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