Opinión

TRIBUNA

La inversión de valores en la sociedad del posmodernismo

Por
  • Gerardo Castillo Ceballos
OPINIÓNACTUALIZADA 05/05/2021 A LAS 00:05
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Terrazas en Huesca
Pablo Segura

Valor es la cualidad o conjunto de cualidades por las que una persona es apreciada. Es aquel bien cuya posesión acrecienta las posibilidades y capacidades personales. La práctica del valor desarrolla la humanidad de la persona, mientras que el contravalor la despoja de esa cualidad. Desde un punto de vista socio-educativo, los valores son considerados referentes y pautas que orientan el comportamiento humano. Sobre esta posibilidad hay anécdotas más reveladoras que algunos ensayos, como, por ejemplo, la que menciono a continuación.

En plena guerra un soldado le dijo al capitán: “Un amigo mío no ha regresado del campo de batalla. Solicito permiso para salir a buscarlo”. Respuesta: “Permiso denegado. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”. El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El capitán le increpó: “¡Ya le dije yo que había muerto! ¿Merecía la pena salir para traer un cadáver?” Y el soldado respondió: “¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: “Juan, estaba seguro de que vendrías”. Esa anécdota resalta el valor de la fidelidad en la relación de amistad. Testimonios de este tipo son el mejor medio para educar en valores.

Actualmente existe una inversión de valores en la sociedad del posmodernismo con referencia especial a los de tipo ético. Algunos ejemplos: la autoridad, la verdad, la rebeldía, la sinceridad, el amor, la libertad, el ahorro y el patriotismo, se sustituyen, respectivamente, por el permisivismo, “mi verdad”, el conformismo, el impudor, el erotismo, la independencia, el consumismo y el chovinismo.

También se observa la sustitución de algunos valores por sucedáneos. Los posmodernos están dispuestos a admitir los valores y virtudes degradándolas. Por ejemplo, aceptan la piedad degradándola a humanitarismo; la caridad como equivalente de la solidaridad y filantropía; la amistad como camaradería y compañía para la diversión.

Una crisis de valores a nivel personal se refleja en la sociedad en su conjunto y se convierte en un problema social, del cual se deriva una serie de acciones y conductas poco éticas. Del mismo modo, una crisis de la sociedad respecto a su configuración, se traduce a posteriori en la poca estimación de valores por parte de los miembros de esa sociedad.

El posmodernismo es el tiempo del “Yo”. El hombre posmoderno concentra los esfuerzos en una autorrealización personal exenta de ideales; vive en una subcultura regida exclusivamente por sentimientos superficiales, desprovistos de convicciones y compromisos.

El posmodernismo sustituyó lo consistente por lo banal y provocó un “nuevo individualismo” que sólo se atiene a la “ley del deseo”. Esta “ley” establece que cualquier cosa que yo haga es buena si la deseo hacer. Lo que le da garantía de bondad es que emana directamente de mi deseo; por ese simple hecho quedaría justificada en sí misma, sin que sea necesario un contraste con la norma moral. La única norma es la ausencia de toda norma. En esto consiste la llamada “moral de la tolerancia”, que frena en la persona lo que Víctor Frankl denomina “voluntad de sentido”.

El hombre posmoderno renuncia a la valoración individual, para ahorrarse así el esfuerzo, reflexión, y compromiso que ello conlleva. No hace un discernimiento de lo que está bien y de lo que está mal. Y cuando conoce el éxito de alguien ignora los valores que lo sustentan, atribuyéndolo a la suerte. Una inscripción que descubrí casualmente decía así: “le llaman suerte, pero es trabajo; le llaman casualidad, pero es disciplina; le llaman genética, pero es sacrificio.

Me parece muy aconsejable que de vez en cuando nos miremos todos en un espejo llamado escala de valores, por ejemplo, la de Max Scheler. En la sociedad actual se suelen preferir los valores vitales, referidos al cuerpo humano (la salud, el ejercicio físico, la nutrición, etc.) mientras que los menos apreciados son los que figuran en la cumbre de la escala, los éticos y religiosos.

Esta inversión de valores deshumaniza la sociedad y la hace cada día menos habitable. En esa situación el otro no es visto como prójimo, sino como un rival con el que es inevitable luchar. ¿Homo hómini lupus?

La educación auténtica está especialmente comprometida con valores éticos. De no hacerlo así se pierde de vista el horizonte del perfeccionamiento de la persona, que es el de los valores vividos, las virtudes.

Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

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