Opinión

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Extraña complacencia

Por
  • Luis del Val
OPINIÓNACTUALIZADA 11/05/2021 A LAS 00:05
Isabel Diaz Ayuso
Isabel Diaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid
EP

DE LA misma manera que Pedro Sánchez huyó del público, tras el cuatro de mayo, Pablo Casado multiplicó sus apariciones con tanta persistencia y entusiasmo que llegó un momento en que me llevó a la confusión, y hasta llegué a pensar si el que se había presentado a la presidencia de la Comunidad de Madrid era Pablo Casado y no Isabel Díaz Ayuso. Entiendo la euforia por el resultado, pero comienzo a observar una complacencia excesiva, como si el campeonato de Liga se hubiera suspendido y ya se supiera quién era el campeón. Esa sonrisa de triunfador que exhibe a todas horas Pablo Casado, mientras seguimos en una situación sanitaria y económica desastrosa, puede llegar a tomarse como insensibilidad.

Está bien celebrar el triunfo -triunfo merecido- pero convendría no olvidar que hubieran bastado dos o tres escaños menos para que el discurso de Pablo Casado en las Cortes, dándole la razón a todo lo que piensa Pedro Sánchez de Vox, se le hubiera atragantado. Aquel discurso, en el que parecía pedir disculpar por haber estando en la foto de Colón, fue algo peor que una equivocación: fue una imprudencia que, si hubiera habido otros imprudentes al frente de Vox, le podría haber costado un par de gobiernos autonómicos. 

Para ser centrista no hay que darle la razón a los que denominan como fascista a quien no piensa como ellos, que es el fascismo más puro, sino presentar proyectos, oponerse a las insensateces, apoyar apuestas ilusionantes, no limitarse a certificarse de centro sobre la premisa de estar contra Vox. Es como si yo me declarase matemático por odiar la poesía. Ayuso no hubiera sacado el mismo resultado en Valencia, y Pablo Casado no hubiera obtenido en Madrid tantos votos como Ayuso. Un poco de complacencia restaña los disgustos y es compresible, por supuesto, pero creer que un éxito borra cualquier error del pasado es la mejor manera de que los éxitos no se repitan. Si de tonterías debemos admitir las justas, de complacencias conviene no exagerar.

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