Opinión

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Corazón y extremidad

Por
  • J.G.
OPINIÓNACTUALIZADA 20/05/2021 A LAS 00:05
Álex Rovira: "El liderazgo que transforma se tiene que basar en la confianza"
Álex Rovira: "El liderazgo que transforma se tiene que basar en la confianza"
S.E.

En una de las conferencias más impactantes que he escuchado en directo, Álex Rovira (SIE, Palacio de Congresos, 2015) cerraba el espiritual rosario de emociones y de conocimientos con su verdad. Atrás quedaban ejemplos maravillosos, episodios sobrecogedores, la serenidad de su entorno, la pedagogía de muchos seres magníficos y llegaba el tiempo del cierre. Con la ayuda audiovisual y su puntero, dibujó un cuerpo minimalista. Y lo primero fueron las extremidades, las que nos permiten andar y tomar cargas, manipular objetos y superar los obstáculos. Lo segundo, la bombilla del cerebro, hágase la luz, para discernir racionalmente. Y sentenció que nada, ni las piernas, ni los brazos, ni las neuronas, son capaces de mover nuestro mundo sin el imprescindible latido del corazón. Del músculo determinante de la voluntad, del que nos define y nos diferencia. Del que engrandece nuestro ser o nos limita hasta la inanidad.

La introspección desde la que exteriorizarnos constituye una oportunidad permanentemente al alcance de nuestra mano. La búsqueda del corazón para darlo, tamizado por el cerebro. Y, sin embargo, la velocidad irreflexiva nos expulsa hacia la extremidad, hasta la última parte de algo, desde la que el recorrido hacia la virtud es kilométrico y plagado de penalidades. Tiene sus propios tributos, como afirma Víctor Lapuente, paisano de Chalamera, en su Decálogo del Buen Ciudadano: la tolerancia y la autocontención. Pero la ruta merece la pena porque activamos las hormonas más edificantes y saciamos la exigencia ética. Y porque nos distanciamos de la toxicidad de los sectarios, de los que blanden su bandería sin pudor por los siglos de los siglos. Raquíticos, apenas lucen el extremo. Y es feo. l

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