Opinión

Opinión

En 10 años nos jugamos el siglo XXI

Por
  • Manuel Campo Vidal
OPINIÓNACTUALIZADA 23/05/2021 A LAS 00:05
Polígono industrial para menores marroquíes en Ceuta
Polígono industrial para menores marroquíes en Ceuta
Agencia EFE

Estamos inmersos en una gran revolución tecnológica, urgidos además por una trascendental transición ecológica, pero la política sigue en el siglo XX, o discutiendo problemas que vienen del XIX, o de más atrás. La semana pasada ha sido especialmente gráfica sobre esos desafíos y su desatención. En España, con el contencioso de Cataluña abierto, y en América, con las calles muy revueltas en Colombia; en la frontera entre la Unión Europea y Africa (en la ciudad de Ceuta, española desde hace seis siglos, pero enclavada en el norte de Marruecos) con una invasión inesperada y, sobre todo, en Oriente Medio, con el estallido bélico entre Israel y sus vecinos palestinos de Gaza.

“En los próximos diez años nos jugamos el siglo XXI”, afirma Antonio de Luis, presidente de la Fundación Fundae que gestiona la formación de los empleados españoles ante los nuevos requerimientos digitales de las empresas. Las Universidades acabarán ofreciendo esos contenidos imprescindibles, pero maniobran lentas, en casi todas partes, como un paquidermo. Igual la política. Entonces acaso será tarde: sólo los países más activos e inquietos lograrán asiento para el viaje acelerado al nuevo mundo digital.

La política española ha sido ejemplo reciente de esa disfunción. La invasión de la ciudad de Ceuta por ocho mil marroquíes, jóvenes y niños, al retirarse su policía fronteriza, exigió una respuesta firme pero contenida del Gobierno del socialista Pedro Sánchez; le amparó la Unión Europea, pero no la oposición de derecha. A Marruecos la jugada no le salió bien internacionalmente: empujar a miles de ciudadanos hambrientos a cruzar la frontera, fue publicitar las difíciles condiciones de vida en su país. Las fotografías de un guardia submarinista español rescatando a un bebé marroquí que se ahogaba con su madre, o de una voluntaria de Cruz Roja abrazada a un africano desfallecido, ejemplificaron la tragedia que logró evitarse. Pablo Casado, líder del centro derecha, tampoco quedó bien. Mientras no se decidía a apoyar al Gobierno ante el desafío, en el Congreso, la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, bordaba una excelente intervención, inteligente y contundente a la vez, apoyando al Gobierno ante el “chantaje de Marruecos”, aunque pedía la corrección de algunos errores. Peor para Casado fue que su compañero del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia, advirtiera que había que estar a la altura de ese desafío al Estado español. Dos semanas seguidas lleva Núñez Feijóo reclamando política de Estado en su partido. Algo sucede.

Hace dos meses pregunté en privado al ministro del Interior, Grande Marlaska, qué era lo que más le quitaba el sueño, si el terrorismo islámico, el narcotráfico, o algo distinto en la lista de desafíos contemporáneos. Me respondió que se duerme y se despierta preguntando “por los movimientos en las vallas fronterizas en Ceuta y Melilla”. Decenas de miles de personas de lado de Marruecos esperan a diario para cruzarlas. Ese salto supone pasar de África a Europa. Si a ese foco de tensión humana permanente, se suma la diplomacia de la provocación marroquí, se puede generar un drama. Esta vez se pudo contener y más de la mitad de esas personas ya regresaron, muchas forzadas y otras voluntariamente. Pero hubo un riesgo excesivo.

Si a los desafíos de la transformación de la sociedad, le sumamos los desatinos políticos, perderemos el siglo XXI.

Etiquetas