Opinión

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La Fueva necesita mucho; pero no placas

Por
  • Fernando Larrosa
OPINIÓNACTUALIZADA 24/05/2021 A LAS 00:05
La Fueva placas fotovoltaicas
Río Susía, en La Fueva
S.E.

Quien todavía no conozca el espectacular valle de La Fueva en la provincia de Huesca, un espacio agreste y salvaje a la par que idílico y en el que pareces estar anclado en el tiempo, entre castillos, ermitas, iglesias, casas torreón de hace cientos y hasta miles de años cuando te adentras en él, no debería atreverse a decir que conoce realmente el Pirineo aragonés.

La Fueva es un municipio a caballo entre la Ribagorza y el Sobrarbe situado en la parte más central del pre Pirineo aragonés. Formado por una veintena de núcleos y con escasos 600 habitantes. Gente dura, trabajadora y amante de su territorio, que ha vivido en primera persona guerras y batallas desde tiempos inmemorables. Desde el nacimiento del viejo Reino de Aragón que daba sus primeros pasos en el cercano Monasterio de San Veturián, hasta nuestra vergonzante guerra civil y aquellos maquis que no hace tanto buscaban abrigo y refugio en las cuevas de la Sierra Ferrera, y en las pequeñas aldeas fovanas cuyas casas y vecinos se jugaban el pellejo por alimentar y abrigar a aquellos luchadores de la libertad que no pudieron elegir mejor terreno para iniciar una “reconquista” que por desgracia nunca daría sus frutos.

Todo ello ante la impasible y custodia mirada de imponentes torreones y castillos como el de El Humo de Muro, Iglesias auténticas joyas del románico como San Juan de Toledo de la Nata, y Santuario de la Virgen de Bruis, siglo tras siglo venerada.

Y es después de todo esto, de sufrir una despoblación atroz y tremenda, un desprecio absoluto por todos y cada uno de los Gobiernos en las últimas décadas, y cuando sus gentes estaban ya convencidas de haberse ganado el derecho a vivir en paz, trabajando y cuidando de su territorio y del legado recibido generación tras generación, cabalgando a lomos del tan manido “progreso” aparecen de nuevo los fantasmas del pasado con sus largas sombras que a todos alcanzan, y lo que en este caso los hace ser todavía más temibles que en otras ocasiones, es que no dudan en nombre del recurrente “desarrollo del medio rural”

Sembrar un territorio preservado y respetado durante siglos por sus propios nativos de cientos y hasta miles de placas solares no es “Desarrollo Rural”. Invitar a sus vecinos a deshacerse de unas tierras que pertenecieron a sus familias durante siglos no es “Desarrollo Rural”. Eliminar cientos y ni tan siquiera decenas de hectáreas de terrenos de cultivo que supondrían el fracaso como proyecto de la vida agrícola y ganadera de todo un valle no es “Desarrollo Rural”. Condenar a la muerte a cientos de explotaciones ganaderas que llevan desde tiempos inmemorables formando parte del paisaje de La Fueva no es “Desarrollo Rural”. Hacer que desde la ventana de la gran mayoría de las casas solariegas y casones de este Valle al levantarse vecinos y visitantes contemplen unas vistas más propias de un paisaje lunar desértico que de un maravilloso enclave del Pre-Pirineo no es “Desarrollo Rural”...

Y eso parece ser que es lo que algunos pretenden hacerle a este bonito Valle, y además esperando que sus gentes callen y acepten como borregos las decisiones tomadas desde fríos despachos en las capitales, por un lado por unos calculadores empresarios a los que única y exclusivamente les mueve la codicia y la especulación, y por otro por los políticos y burócratas que se empeñan en decidir sobre el presente y el futuro de unas gentes con las que cada día tienen menos que ver y apenas conocen, puesto que son más felices viviendo entre las sombras de sus despachos, sus moquetas, sus corbatas y sus impresos y documentos varios.

Pero han tocado hueso, y los fovanos no son precisamente conocidos por dóciles ni sumisos. Tampoco por no saber defender lo suyo y a los suyos. Yo en su caso me preocuparía, porque muchas de las gentes de este Valle o de las que procedemos de él, somos humildes, nobles y quizá hasta en ocasiones conformistas con todo lo que no afecta a lo nuestro y a los nuestros, y de normal solemos preocuparnos de cosas que para otros parecerían banales, pero para nosotros no lo son. Para defender nuestra Casa, nuestra tierra, nuestro legado, nuestras costumbres, nuestra tradición,… sacamos uñas y dientes, nos ponemos de pie y nuestras mejores galas. Y lo mejor de todo, nos unimos. De veras os digo que si ya de uno en uno los fovanos somos gente capaz y tenaz (hasta cabezones diría yo), no os podéis imaginar lo que se puede conseguir con todo un valle de acuerdo, juntos y cogidos de la mano con el único fin de defender lo nuestro.

La Fueva necesita mejores accesos, mejor escuela, mejor atención médica, mejores servicios, mejores infraestructuras, mejores condiciones para aquellos que quieren venir a asentarse a su territorio y a forjar un futuro de familia, mejores TIC, más ayudas a nuestros mayores, más espacios adaptados para nuestros discapacitados, más ayudas para aquellos ganaderos y agricultores que con no poco esfuerzo llevan años y años, y antes de ellos sus padres y abuelos, manteniendo negocios en ocasiones ruinosos, pero que se empeñan (por aquello de lo de ser cabezones), en que ese sea el mejor legado que puedan dejar a sus hijos.

La Fueva necesita que “la vendan”, que la pongan bonita y que salgan a contar las maravillas de ese preciado territorio que tiene como mayor patrimonio a sus gentes. Que apoyen el desarrollo turístico controlado y adaptado en la zona, que impulsen proyectos vinculados al turismo y a atraer a visitantes de todos y cada uno de los rincones de España y del mundo… y muchas cosas más

Lo que seguro que no necesita La Fueva es un parque de placas fotovoltaicas en las tierras en las que ahora sembramos, paseamos, juegan nuestros hijos, o tan solo admiramos.

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