Opinión

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Se habla mucho, pero se calla más

Por
  • Rafael Torres
OPINIÓNACTUALIZADA 01/06/2021 A LAS 00:05
José Luis Moreno
José Luis Moreno
Efe

Cuando se habla del número de empresas que hay en España, ¿se incluyen las 700 de José Luís Moreno? Y cuando se habla de ventrílocuos, que ya no se habla mucho pero antiguamente sí, ¿se incluye a José Luis Moreno?

En España se habla mucho, y muy alto, pero se calla más. Ahí tenemos el caso de este personaje al que la policía ha trincado, tras agotadoras pesquisas, por considerarle autor de una porción de delitos económicos y por pertenencia a organización criminal: de súbito, una legión de particulares damnificados por el alter ego de Monchito, Macario y Rockefeller ha roto su silencio, de suerte que no parece quedar casi nadie al que el "ostentóreo" productor no haya hecho alguna mala jugada.

A resguardo de que perfectamente pueden ser ciertas las retroactivas acusaciones que van brotando, cabe señalar que cuanto se sabía sobre el personaje y cuanto se hablaba sobre él, se calló concienzudamente, tal vez, desde luego, por el miedo que inspiraba su poder, que no era otro, según parece, que el del dinero aliado con una inteligencia superior pero orientada regular.

Hubo, sin embargo, quien habló cuando debió hablar, quien no calló cuando callar alimentaba la impunidad y el tabú: alguna actriz, algún actor, algún periodista, y su tío, el Señor Wences, que ese sí era ventrículo de verdad. Le conocí, a su tío, cuando tenía casi 100 años en Alba de Tormes, donde se retiró a pescar truchas con una novia joven tras una vida de novela.

Tal como me la contó la trasladé a un libro sobre raros que publiqué hace tiempo, "Vidas Ejemplares", y en su relato salía su sobrino: "Él estudiaba medicina, y cuando estaba de vacaciones, le llevaba un mes a Copenhague o a Londres, y viendo lo que yo ganaba pensó que de médico no iba a ganar gran cosa y se hizo artista. José Luís no tiene nada de ventrílocuo, es un comediante de muñecos, se esconde detrás del micrófono. (...) Mi sobrino ha copiado, ha cogido mío todo lo que ha querido, y no le hablo, sigo sin hablarle, aunque un día le dije que era un sinvergüenza y un desaprensivo".

El Señor Wences, Wenceslao Moreno Centeno, que tiene una calle con su nombre en Broadway, que empezó por los pueblos cobrando un chorizo por la entrada a su espectáculo, pues nadie tenía dinero, y llegó a ganar 1.000 dólares por minuto en Nueva York, habló más que calló en un país donde se habla mucho, pero se calla más.

No obstante, hay quienes deberían callar más todavía, como aquellos que, en la sesión de control de ayer en el Congreso, tomaron la palabra para soltar truculencias y enormidades a cuenta de los indultos. Hasta "Saturno devorando la Constitución" llegó a llamar Casado a Sánchez. Y sin esconderse detrás del micrófono ni nada.

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