Opinión

Tribuna Altoaragonesa

Maniobras de pasillo en la Otan

Por
  • Enrique Serbeto
OPINIÓNACTUALIZADA 17/06/2021 A LAS 00:05
Joe Biden y Pedro Sánchez en la cumbre de la Otan
Joe Biden y Pedro Sánchez en la cumbre de la Otan
Agencia EFE

Lamento tener que abusar de su paciencia hablando de un hecho del que seguramente ya tienen sobrada noticia porque ha suscitado innumerables comentarios. Me refiero al espantoso ridículo en el que se metió solito el presidente del Gobierno con su obsesión por convencernos de que había tenido una intensa reunión de trabajo con el presidente norteamericano Joe Biden, cuando todos pudimos ver que se trató apenas de un saludo de cortesía en un pasillo cuya duración se puede medir en segundos. Peor aún, a mí me dio la impresión de que el norteamericano estaba bastante incómodo con el “asalto” de Pedro Sánchez y, si no hubieran llevado mascarillas, seguramente habríamos podido ver por el movimiento de sus labios que la conversación no llegaba ni a lo que se dice en el ascensor cuando te toca con un desconocido y el trayecto se alarga.

Como he asistido a innumerables cumbres parecidas, puedo decir que este tipo de cosas pueden pasar y de hecho muchas veces los dirigentes internacionales aprovechan esos momentos para “asaltar” al presidente norteamericano, que si tuviera que conceder aunque fueran diez minutos a todos y cada uno de los reunidos, tardaría horas en acabar. No le reprocho al presidente que hubiera intentado arrancar un gesto amable a Biden, porque hasta yo lo habría hecho. La diferencia es que él no quiere ser consciente de que el inquilino de la Casa Blanca no desea hablar con él y si hubiera querido hacerlo ha tenido ocasiones desde enero para haberle llamado por teléfono (o para nombrar un embajador en España) y no lo ha hecho. Sánchez debería saber que en Washington no se llevarán bien con él mientras tenga incrustados en el Consejo de Ministros a toda esa cohorte de indocumentados buscavidas simpatizantes de la dictadura chavista y puede que aun en el improbable caso de que pudiera gobernar en solitario tampoco, porque no es alguien en quien se pueda confiar. Imagínense lo que habrán pensado en Washington viendo cómo describió Sánchez su “entrevista” con Biden, ellos que saben perfectamente lo que sucedió.

Porque esa sesión de desparpajo mendaz en la que el presidente del Gobierno se inventó una versión completamente imaginaria de lo sucedido, no solo la vimos los periodistas y posteriormente todos los ciudadanos españoles. Esa mentira también se vio en la Casa Blanca donde tomaron nota sin duda de que si alguna vez Biden acepta reunirse de verdad con Sánchez hay que dejar las cosas muy claras porque el presidente español no es alguien de fiar. Los norteamericanos se están preparando para un gran pulso con China, puede que una confrontación con Rusia y no están para ir descartando posibles refuerzos, así que si les hacemos falta para algo importante, no es descartable que Sánchez tenga algún día su foto en el despacho oval, pero cuando se vaya, Biden mirará bien si falta algún cenicero.

Que Sánchez es un mentiroso ya lo sabía todo el mundo. En este caso me he enterado además de que la ministra de Asuntos Exteriores, a la que conozco desde los lejanos tiempos en los que era una modesta pero eficiente portavoz de la Comisión Europea, resulta que también miente como una descosida cuando se trata de defender a Sánchez. Debe ser contagioso, porque le he oído explicar sin el menor sonrojo que además de ese asalto de pasillo hubo otra reunión a solas de media hora entre Sánchez y Biden, aunque en ese caso no hay ni fotos ni aparece en ninguna de las minutas de la delegación norteamericana, porque es otra mentira. Lamento que Arancha haya manchado su ya escasa reputación de esta manera, en la defensa inútil de una burda maniobra de imagen que probablemente lleva la firma de ese “tal Iván”, mercenario de la mercadotecnia política más dañina para este país, cuya polarización explota con el mayor de los entusiasmos.

Cuando un dirigente político es tan mentiroso como Sánchez no debería seguir en el poder, pero Iván Redondo sabe que cuando yo digo esto hay una parte de la sociedad que reacciona en términos de “los míos” y “los otros” y prefiere acusar a “los otros” antes que asumir que lo que está sucediendo debería ser insoportable para todos. El problema no es que Sánchez mienta, el verdadero agujero negro de este país es que lo puede hacer en nuestra cara, en directo, sin ningún reparo, que ya es igual de soberbio que aquel Donald Trump de sus buenos tiempos, que llegó a decir que podía salir a la calle y pegarle un tiro al primero que pasara y que le seguirían votando. Aquí Sánchez miente en nuestra cara y aún hay quien se enfada con el PP, como quiere Iván Redondo. Eso es lo verdaderamente escandaloso, toda esa retaguardia ideológica de lo que queda del PSOE que ha vinculado su destino al de Sánchez y que no tiene en cuenta que este es el primer presidente del Gobierno que yo haya conocido que ya no puede salir a la calle porque tiene miedo de que le escupan.

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