Opinión

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El destierro del conocimiento

Por
  • Antonio Pérez Henares
OPINIÓNACTUALIZADA 20/07/2021 A LAS 00:05
Rocío Carrasco
Rocío Carrasco
EP

De vez en cuando, digamos que una vez al mes o así, alguien dice que es una pena el nivel cultural de la sociedad española esté descendiendo a niveles subterráneos. Puede incluso que ello hasta lo diga un tertuliano o incluso uno de esos convertidos en famosos tras llevar tres décadas hablando de su bajo vientre, o el de los demás, en la hegemónica Telebasura que ocupa aproximadamente el 80% de las emisiones en determinadas cadenas.

La penuria intelectual ha ido avanzando hasta auparse al podio del triunfo y desde ahí dictar doctrina. Porque lo que nos sucede es aún peor que la impresionante ignorancia sino que ésta es exhibida, alardeada y paseada como gran aval y blasón. Ser culto, ilustrado y leído es un algo que es mejor ocultar como medida de protección.

La educación escolar está sin duda en la base de este galope desbocado hacia las grandes manadas de ignaros pero a la par que ello sino superándolo esta el titánico esfuerzo que desde hace unas décadas están haciendo los medios de comunicación masivos. Para que nos entendamos, la televisión. Y puede presumir de haberlo logrado. El libro, ese antediluviano objeto, ha sido desterrado. No se le ha condenado a la hoguera, como temía Bradbury porque sería hacerle publicidad, sino al ostracismo más total que resulta más efectivo. Con una salvedad, que alguno de esos “famosos”, que lo son porque salen en televisión y salen en televisión porque ésta los ha hecho famosos sin que se sepa ni de una ni de otra cosa la razón, escriban -o mejor dicho le escriban uno y entonces lo vendan rebozado.

Digo el libro pero digo el conocimiento de quien el primero es en muchas ocasiones recipiente. Y a lo que asistimos real y sordamente es a su destierro. El conocimiento de nuestras raíces, de nuestra civilización, de sus hechos, su arte, su historia, el conocimiento de nosotros mismos, de nuestro pensar. Eso ha sido desterrado o como pena menor exiliado y ocultado por el gran ojo, por la máquina de picar cerebros, a la gran mayoría.

Les pongo un ejemplo. Hubo tiempo no lejano que los cursos de la Universidad Complutense de Verano en el Escorial, o de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander eran un foco de atracción y al concitar a gentes tanto del propio país como del resto del mundo de las más diversas esferas del saber despertaba la atención de los medios de comunicación. Eso fue antes. Ahora o va un político a decir allí lo que lleva diciendo todo el año, todos los días y en cualquier lugar. O sea un consignazo y tente tieso o por allí no se ve una cámara ni por casualidad. Que va a tener que decir un escritor, un historiador, un biólogo, un medico, un paleoantropólogo o enseñar un pintor o hacer comprender un filósofo. Eso son desperdicios. La sabiduría es Rociíto.

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