Opinión

TRIBUNA

La libertad de tomarse un café con leche

Por
  • Joaquín Santos Martí
OPINIÓNACTUALIZADA 08/09/2021 A LAS 10:20
Todos tenemos derecho a tomarnos un café con leche con libertad.
Todos tenemos derecho a tomarnos un café con leche con libertad.
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Desde hace ya unas décadas el debate político no se realiza a través de la confrontación de ideas argumentadas, se produce a través de frases cortas, emocionales, a través de metáforas e imágenes. En los últimos meses, especialmente en torno a las elecciones autonómicas madrileñas, me llamó poderosamente la atención que se volvía a confrontar políticamente en torno al valor de la libertad, pero esta vez no se hablaba en términos abstractos si no muy, muy, concretos. Se hablaba de la libertad de tomarse, tranquilamente, un café con leche. Se supone que las medidas restrictivas que se están tomando para controlar la pandemia del covid 19 atentaban contra esa libertad concreta.

Estamos ante un concepto de la libertad profundamente egocéntrico y narcisista, el mismo concepto de libertad que inspira a los partidarios de Trump en EE.UU. y a muchos movimientos populistas y de derecha extrema en todo el planeta. Es un concepto de libertad que magnifica el derecho particular de uno sobre cualquier otra consideración. Los narcisistas son incapaces de mirar otra cosa que su propio ombligo y todo les parece que les es debido. Arrasan a los de al lado para extender hasta donde sea posible su propia libertad. En este marco, al resto, a los afectados por sus libres decisiones, no nos queda más que plegarnos y aceptar las consecuencias.

De esta manera, la salud y la vida de los demás, la construcción de un nosotros en el que quepamos todos, no tiene ningún valor. Sólo tiene valor el derecho sacrosanto a tomarse un café con leche donde se quiera, cuando se quiera y, por supuesto, sin mascarilla.

Los partidarios de este concepto de libertad, que no encuentran suficientemente contestación desde otros ámbitos, van ganando día a día más espacio en el imaginario colectivo de los españoles y del conjunto de Occidente.

En este contexto, veo con profunda tristeza que este tipo de argumentos, tradicionales y propios de aquellos que consideran que la sociedad consiste en un mero sumatorio de individuos, es asumido de forma acrítica por una parte de aquellos que se consideran progresistas o de izquierda.

El último ejemplo de esta derrota en la pelea por los valores lo veo representado en la postura adoptada por mi sindicato, CC.OO., en defensa de los trabajadores en residencias que no se han querido vacunar. No estoy en contra de que el sindicato defienda en los tribunales a sus afiliados si encuentra causa legal de hacerlo, pero me preocupa y mucho que pierda la lealtad a sus principios fundamentales, a su forma de interpretar los valores democráticos, y se dedique a confrontar políticamente desde la defensa nada menos que de una interpretación de la libertad profundamente contradictoria con nuestra forma de ver la sociedad y de construir el nosotros democrático, caminando en una dirección contraria a la que interesa al conjunto de los trabajadores.

La decisión de un trabajador residencial de no vacunarse, en tanto sea legalmente sostenible, es libérrima, pero la sociedad en su conjunto, en aras a la construcción de un mundo en el que todos tengamos las mismas libertades, tiene derecho a limitar de la forma en que encuentre más adecuada, ese derecho. Coincido en que la vacunación del personal sanitario y social de atención directa al ciudadano debería ser obligatoria. Por eso mismo entiendo que, para mantener la coherencia, la defensa de nuestro concepto de libertad no puede pasar por la defensa pública de las actitudes de los que entienden que la suya está por encima de la de los demás.

La no vacunación de ese personal pone en riesgo la salud y la vida del resto de los compañeros vacunados y de sus familias, y lo que es más grave, la de los residentes a los que tienen la obligación laboral y ética de proteger y cuidar y la de los familiares que los visitan. Las consecuencias en forma de restricción de la libertad de nuestros mayores residentes, que como todos sabemos bien son la parte más vulnerable en esta pandemia, es muy importante. Hacer lo posible por evitarlas debería ser nuestra prioridad y debería ser tomado muy en cuenta en la reflexión previa a nuestra toma de postura y acciones. Además, también ellos y ellas fueron trabajadores en su momento.

Todos y todas tenemos derecho a tomarnos un café con leche con libertad, sin restricciones, el que algunos quieran tomarlo ya y a toda costa impide que muchos nos lo podamos tomar no ya ahora, si no en un futuro cada vez más inconcreto.

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