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Un volcán en La Palma y otro en el Congreso

Por
  • Manuel Campo Vidal
OPINIÓNACTUALIZADA 05/10/2021 A LAS 00:05
Volcán de La Palma tras el derrumbe de parte del cono
Volcán de La Palma tras el derrumbe de parte del cono
EFE

La desgracia de la isla de La Palma, que a saber cuánto dura y lo que nos dejará de mala herencia, sirvió para generar allí un consenso operativo entre todas las administraciones: local, insular, autonómica y estatal. Un milagro. Pero en el Congreso de los Diputados ni se inmutaron. El volcán parlamentario rugió como siempre en días posteriores; la lava verbal fluyó devastadora; la cortesía democrática deseable se convirtió en expulsión de cenizas tóxicas y la temperatura, que en el cráter roza los mil grados, apenas refrescó en la Cámara. Cómo sería la erupción, que la presidenta Meritxell Batet, tuvo ponerse muy seria y llamar a capítulo a sus señorías. Como en un colegio. No todos son iguales, desde luego. Cada vez que se escribe en Twitter que la bronca parlamentaria es insufrible, un río de respuestas pide que se identifique a los que pierden la compostura. Hay de todo, pero, como se puede comprobar, destacan la extrema derecha y la clásica.

El Diario de Sesiones, que recoge todas las palabras pronunciadas, es público y accesible. Revisen. Mientras ese espectáculo tan poco edificante se representa casi todas las semanas en un Congreso con 17 partidos, dos ex presidentes, Felipe González y Mariano Rajoy, se sentaban a conversar en el Foro La Toja para defender al fenecido bipartidismo. España no fue nunca país de solo dos partidos, pero sobre la columna vertebral de los socialistas, o la de los populares, era posible construir gobiernos. Ahora esas dos columnas están debilitadas y para llegar a los 176 diputados que constituyen mayoría absoluta, se exige una suma heterogénea de difícil consecución y peor manejo. A los populares les pasará lo mismo: cierto es que Aznar en el año 2000 y Rajoy en 2011 consiguieron mayorías absolutas, pero entonces no existían Ciudadanos ni Vox. También Felipe González tuvo varias mayorías absolutas (en el 82, 86 y 89) y Zapatero logró cómoda mayoría en 2004 y 2008, pero el fenómeno Podemos estaba por llegar. “Así, ahora, es muy difícil gobernar”, sostiene Rajoy. Aritmética ajustada y clima parlamentario devastado.

Solo hay una alternativa a esos dos bloques tan fragmentados y heterogéneos, aseguran los dos ex presidentes: un pacto entre PSOE y PP, o PP y PSOE, tal como se ha gobernado en la última legislatura de Ángela Merkel. Su vicecanciller será probablemente quien ocupe su puesto y serán necesarios ahora tres partidos: el socialdemócrata, el liberal y los verdes. A menos que se repita de nuevo la gran coalición con los democristianos, algo muy improbable. Es lo que hay en Alemania, ya que a la extrema derecha tipo Vox no la consideran admisible en las posibles alianzas parlamentarias. Pero en España la cultura de una “gran coalición”, a la alemana, apenas se acepta hoy.

La fragmentación del Congreso aún puede empeorar. Hay candidaturas tipo Teruel Existe en varias provincias, lo que que podría elevar los partidos representados de 17 a 20. Más difícil todavía. Con todo, hay que esperar; porque, aunque la oposición las quiera ya, las elecciones no deberían llegar antes de finales del año 23, que es cuando tocan. O incluso en enero del 24, porque España presidirá el Consejo de la Unión Europea en el segundo semestre del 23. Pedro Sánchez deseará llegar hasta ahí. Si lo consigue, cabe imaginar que en esa espera habremos podido conocer muchas erupciones; mejor cutáneas que volcánicas. Hay que tomarlo con calma y no sulfurarse.

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