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Tregua política en España y tensión en Europa

Por
  • Manuel Campo Vidal
OPINIÓNACTUALIZADA 17/10/2021 A LAS 13:46
Pedro Sánchez, en un mitin con afiliados socialistas que tuvo lugar el sábado en Jaén
Pedro Sánchez, en un mitin con afiliados socialistas.
EFE

La crispación se tomó un breve descanso en España, pero la tensión crece en Europa. El acuerdo -por fin- entre PP y PSOE para renovar el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas y el Defensor del Pueblo, aunque no el Consejo del Poder Judicial, permitió que Pedro Sánchez y Pablo Casado ¡se saludaran! Así de mal estaba la cosa. Parece que vivamos en vísperas de una campaña para esas elecciones en las que todas las encuestas, menos la de CIS oficial, anuncian que el Partido Popular superará al PSOE.

El año 2023 será clave: elecciones municipales y autonómicas en mayo y las generales seis meses después, o enero del 24. Queda tiempo, pero la efervescencia es muy alta. Por la fragmentación del mapa político, la derecha del PP logrará el poder con los ultraderechistas de Vox, que ya avisan que solo apoyarán a aquellos gabinetes en los que participen. Y el Partido Socialista perderá el gobierno, salvo que repita una alianza con Unidas Podemos -o las nuevas siglas que encabezará la vicepresidenta Yolanda Díaz- más el resto del Congreso, incluidos nacionalistas e independentistas. España está partida en dos mitades casi iguales, lo que garantiza una polarización permanente y un clima habitualmente crispado.

El Congreso del Partido Socialista también ha reflejado una tregua entre sus familias. La presencia de Felipe González, que encabezó desde los años 80 los gobiernos de la modernización del país, se presenta como un cierre de filas para no perder el poder ahora, en tiempos de una nueva transformación económica.

En Europa la semana nos ha traído un nuevo desafío del británico Boris Johnson que quiere renegociar el Tratado en relación con la frontera de Irlanda del Norte, la parte de la isla que no se independizó de Londres en 1922. Bruselas ya ha respondido con firmeza que, si unilateralmente rompe lo acordado en el Brexit, el resto de países de la Unión tomarán represalias económicas. La presidenta Úrsula von der Leyen sale a desafío por semana: primero Polonia, por el Este, al no acatar la máxima autoridad del Tribunal Europeo; y ahora el Reino Unido, que ya se fue, pero tensa por el Oeste.

En el Sur, en Italia, se acabó la primavera Draghi. El hombre que salvó el euro desde el Banco Central Europeo fue acogido como primer ministro con enorme esperanza. Acaba de ganar su primera batalla en la calle, aunque con costes de imagen. El viernes pasado mantuvo el decreto por el que no se puede entrar en los centros de trabajo, oficiales o privados, sin un certificado de vacunación. Una manifestación de la extrema derecha junto con los “anti vacunas”, quemó la sede del poderoso sindicato CGIL y llamó a boicotear la “tarjeta verde”, el pasaporte sanitario exigido. Mario Draghi mantuvo firme su posición y ha ganado el primer pulso. Veremos.

Entretanto, la Unión Europea sigue avanzando en su idea de contar con una fuerza militar propia que no la haga dependiente de la OTAN. El vicepresidente Josep Borrell, responsable de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, acaba de acordar en Washington la coordinación de esa fuerza militar europea con la OTAN. “Por primera vez -dijo Borrell- Estados Unidos reconoce una capacidad de defensa europea que pueda complementar la de la OTAN”. Actualmente Europa tiene cinco mil efectivos desplegados en el mundo en 18 misiones de paz. Pero se piensa en unidades para la guerra, si hiciera falta.

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