Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre….

Por
  • Félix Rodríguez Prendes
OPINIÓNACTUALIZADA 26/12/2021 A LAS 00:05
Benedicto XVI arremete contra el matrimonio homosexual
Benedicto XVI.
S.E.

¿Qué Mesías eres tú que has nacido en una cuadra de ovejas y que tienes por corte a una vaca y un borrico y por padres a dos humildes paletos?¿Dónde está tu poder, dónde está tu grandeza?” (S. Martín. El evangelio secreto de la Virgen María). Y para colmo dices que eres el amor y a la vez que no has venido a traer la paz sino la guerra y que por tu causa habrá división.

Vamos por partes: Lo del buey o vaca y el asno no figura en ningún relato evangélico, como bien señaló Benedicto XVI, sin embargo, el hecho de que san Francisco en la primera representación del Nacimiento, en la cueva de Greccio, dijera que quería contemplar con sus ojos como fue colocado el Niño en el heno entre el buey y el asno, ha hecho que en todo Nacimiento se representen los dos animales y la Iglesia lo ha considerado, no como una ocurrencia sin más, sino como la manifestación de la fe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: “Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo; Israel no conoce, mi pueblo no entiende” (Isaías. 1,3). Los Padres de la Iglesia vieron en estas palabras un anuncio profético de la nueva familia de Dios formada por judíos y gentiles; porque ante Dios todos los seres humanos eran como bueyes y borricos sin entendimiento ni razón, pero el Niño del pesebre les abrió las entendederas de manera que ahora escuchan y entienden la voz de su Señor. Porque cuando vino a los suyos, no le recibieron; podríamos decir que fue así porque no le reconocieron; los que sí le reconocieron fueron María y José, los pastores, los Magos, el buey y el borrico. El afán moderno de querer saber el origen de todo, la precisión del lugar, la exégesis del relato, nos impide tener el corazón abierto para escuchar a los ángeles y nos perdemos la simplicidad del buey y del asno que sí le reconocieron. Y como Francisco en Greccio que, al contrario de la profecía de Isaías, sí entendió la voz de su Señor y fue capaz de comunicarlo de tal manera que Celano narra acerca de los que participaron en aquella Nochebuena: “Todos retornaron a sus casa colmados de alegría” (Benedicto XVI. La bendición de la Navidad).

En cuanto a la aparente contradicción entre lo esencial de Dios que es el Amor y que diga que ha venido a traer la guerra, todo proviene de que hemos adulterado la palabra y el concepto del amor, reduciéndolo únicamente a una especie de frasco que, en el mejor de los casos, solo tiene un componente romántico. Cuando no es así: Amor es realizar un ideal y para ello es preciso luchar contra el egoísmo, defender la libertad, esforzarse por ser fiel a los compromisos adquiridos, cansarse en el esfuerzo por darse y ser paciente con los defectos propios y de los otros y todo ello en medio de la alegría de amar y saberse amado.

No han entendido el Amor de Dios quienes pretenden ser de Dios por una parte y por otra contentar a todos e incluso a uno mismo. El todo vale, el hay que comprender todo, el decir que todas las ideas son discutibles y defendibles puede ser cómodo y políticamente correcto, pero es falso. ¡Feliz Navidad!  

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