Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

Decálogo por un sentido (no) común

Por
  • Edgar Abarca Lachén
OPINIÓNACTUALIZADA 27/12/2021 A LAS 00:05
Las farmacias han registrado un descenso en la venta de test de antígenos entre el 2 y el 8 de agosto
Los test de antígenos se han agotado en las farmacias en los últimos días. 
Efe

Primero. Vacunación siempre: pero global

La eficacia de las vacunas es evidente así como su impacto en las últimas olas de la pandemia con respecto a su inicio. Los expertos nos dicen sin vacilar que sin ellas hubiéramos sufrido un auténtico desastre.

También lo es que el ritmo de vacunación en nuestro país así como la actitud de la ciudadanía ha sido ejemplar. Nos encontramos con una tasa del 90% de la población diana (mayores de 12 años) con pauta completa, desde luego una cifra muy superior a la reportada a los países europeos de nuestro entorno.

Pero mientras que aquí nuestras aspiraciones van a por las terceras dosis en mediana edad y primeras en niños, en la cercana África la vacunación es casi una quimera, sin olvidar que hay indicios de que la población sin vacunas puede ser parte del origen de las mutaciones. Apremian mecanismos como COVAX, que garanticen un acceso justo y equitativo a las vacunas para todos los países del mundo.

Segundo. La medida navideña de la mascarilla en la calle carece de evidencia científica

Imponer las mascarillas en exteriores para frenar la expansión de ómicron es completamente absurdo. La transmisión en exteriores es, al menos, 20 veces más baja que en interiores y no hay evidencia científica de su utilidad.

Tal como ejemplifica Ignacio López-Goñi, catedrático de microbiología de la Universidad de Navarra “llevar mascarilla por la calle y quitártela al entrar a un bar porque vas a comer o beber es lo mismo que ir con casco por la calle y quitártelo al subirte a la moto porque te molesta conducir con él”.

Esta medida acentúa el cansancio social y pone en duda la credibilidad de la obligación de usarla en interiores mal ventilados. Sabemos desde hace tiempo que las medidas generalistas contra la lógica no tienen demasiado recorrido.

Tercero. Nuestro sistema sanitario fue el mejor: ahora es muy mejorable

Un sistema sanitario con un ministerio sin cabeza no es lo más apropiado en estas situaciones. Transferido y sin competencias, se menospreciaron unas alarmas que rápidamente se tornaron inequívocas en paralelo a una enorme falta de anticipación.

Estos dos años han reflejado la sanidad que tenemos pero que es incómodo reconocer. Ese mejor sistema sanitario del mundo ha sido aplaudido en los balcones pero maltratado desde hace años en los despachos. El gasto sanitario per cápita en España es más de un 15 % inferior a la media de los países de la Unión Europea. Tenemos a enormes profesionales pero un sistema que abusa de su vocación y entrega.

A modo de ejemplo: nuestro país cuenta con 5,7 enfermeros por cada 1000 habitantes. La media europea es de 8; Francia nos dobla, Finlandia nos triplica. No nos conformemos con lo que hay e intentemos mejorarlo entre todos.

Cuarto. Test de antígenos no sólo en Navidad: cribar siempre fue una de las soluciones

El testeo masivo de la población debería haber sido una medida implantada desde hace muchísimos meses. Pero nuestras autoridades sanitarias nunca lo tuvieron demasiado claro, pese a que había expertos cuyo “cribar, cribar y cribar” pudo y sigue siendo una herramienta esencial. No solo las vacunas, sino también los test de antígenos domésticos podrían haber cambiado el rumbo de la pandemia.

Como sabemos, ya se permite su dispensación en farmacias y concretamente en Aragón ha habido un avance significativo y muy positivo donde se ha contado con la firme colaboración de la oficina de farmacia realizando test, emitiendo certificados oficiales y ayudando en la entrega del pasaporte de vacunación. Es una medida acertada del gobierno autonómico que debería extenderse a todo el territorio nacional. Que el boom navideño no sea anecdótico sino más bien rutinario.

Quinto. Más docencia con ciencia

Exijamos una mejor información contra la infoxicación imperante que nos permita generar nuestros propios criterios. No podemos ser tratados como niños. Bombardeados (e incluso abroncados) en los medios de comunicación sólo con noticias apocalípticas, no se nos han mostrado cifras, o al menos, el conjunto de todas ellas.

Necesitamos más docencia con ciencia que permita un debate fortalecedor y constructivo y el análisis crítico es nuestra única esperanza. Esto si hablamos de un futuro a medio plazo, pero si hablamos del inmediato, expertos como Gregory Poland prevén desde hace meses que nos enfrentaremos a terceros y cuartos coronavirus. Espero que nuestros gobernantes estén hablando de cómo prepararnos.

Sexto. Combatamos la incultura científica

Los modelos que apuestan por la ciencia disponen de mayores garantías para salir de las crisis. Estados Unidos y China nos han tomado una ventaja insalvable en ciencia y tecnología. Y no es porque no nos falten innovadores. España está repleta de ellos, aunque tienen una pega: se marchan al extranjero. No podría ser de otro modo cuando aquí se gasta en torno al 1.25% del PIB, la mitad de la media de la OCDE.

Mariano Esteban, uno de los españoles que han estado trabajando en la vacuna y que en su momento no pudo avanzar por la falta de macacos para experimentación, afirmó que “los científicos hemos estado en condiciones paupérrimas”. Incrementar el porcentaje del PIB que destinamos a nuestra investigación debe ser un objetivo prioritario.

Hagamos que nuestros referentes, las personas ejemplares y brillantes, algunas de ellas ocultas por su indisposición a que el sistema político los aplaste, nos ayude a enfrentamos a lo que nos queda por venir liderados por gobernantes a los que convencer que la ciencia, la investigación y la tecnología hecha aquí son claras apuestas de futuro.

Séptimo. Exijamos una política de luces largas, no sólo con objetivos electorales

Primero debe estar la salud y luego la política: no podemos tolerar la politización de la salud como arma arrojadiza. La sanidad pública es un tesoro indiscutible que debemos preservar, pero ni todo lo público es bueno y de izquierdas ni todo lo malo es privado y de derechas. Promovamos la colaboración basada en el conocimiento, la eficiencia y la excelencia más allá del debate tertuliano facilón.

Frente al cortoplacismo imperante, la pandemia podría ser un punto de partida para promover el “pensamiento catedral”. Ese espíritu de los constructores de la Edad Media sabedores de que su obra sería disfrutada por las siguientes generaciones. El proyecto Brain iniciado con el mandato de Obama y liderado por el español Rafael Yuste fue y es un buen ejemplo.

El reputado astrofísico Martin Rees advirtió que el destino de nuestra civilización se decidirá en el próximo siglo. Trabajemos pues con las luces largas, por un legado que vaya más allá de nosotros, que nos haga pensar en el futuro de nuestros nietos, que obligue a ser más exigentes con nosotros mismos y con los que nos desgobiernan. Repensemos acerca del origen de lo que nos ha traído hasta aquí: la destrucción de los hábitats, la deforestación o las zoonosis.

Octavo. Fomentemos un tejido productivo propio menos dependiente

España y Europa en general, padecemos una pavorosa dependencia comercial de China para aprovisionarnos de todo lo necesario para combatir la pandemia: mascarillas, test, proveedores de PCR, fabricantes de gel hidroalcohólico, algunos medicamentos con supuesto interés al inicio de la pandemia o incluso los mismos animales para experimentación.

A su vez, los fabricantes de vacunas Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson son americanos y no precisamente por casualidad. Estados Unidos promueve la investigación, la competitividad y la transferencia. Nuestra extrema dependencia debe hacernos reflexionar con urgencia para generar alternativas.

Noveno. Apostemos por la atención primaria y la colaboración con la red de farmacias

Recordemos que en España hay 0.76 médicos por cada mil habitantes, menos que Rumanía, Croacia o Estonia y que los portugueses nos triplican. Las reclamaciones que viene haciendo atención primaria no son precisamente de ayer. Hace muchos años que se denuncia la falta de médicos y enfermeras, la carencia de medios materiales que la recuperación de la crisis económica pasada dejó en el olvido, un sistema MIR que no cubre plazas por no hablar del agravio comparativo salarial con nuestros vecinos franceses o alemanes y que simplemente invita a huir.

Por otra parte, en estos últimos dos años nuestra red de farmacias no ha dudado en difundir información contrastada sobre medidas de protección, autocuidado y salud pública; recomendar y apoyar sin fisuras las políticas nacionales para fomentar y empujar los aplanamientos de las diferentes curvas e intentar contribuir con ahínco a que el sistema de salud sea lo más eficiente fomentando el confinamiento, informando de manera infatigable y tranquilizando a los ciudadanos de la situación en todo momento.

Décimo. No olvidemos pero ante todo aprendamos de los errores para seguir avanzando

La ciudadanía no ha estado ni está bien informada, origen de la desconfianza, el miedo y la constante confusión. El inicio fue un caos total con la desactivación permanente de cualquier mensaje de alarma, desaconsejando las mascarillas (porque no había) y después recomendándolas a todas horas, un duro confinamiento no precisamente manejado con empatía, la limitación de medios como el WhatsApp, el rechazo al cribaje masivo, la constante disparidad de criterios entre las diferentes autonomías o el famoso comité de expertos que después no se encontraba.

Tampoco acontecimientos como Combivacs, el ensayo clínico español que a toda prisa evaluó administrar segundas dosis de Pfizer en vacunados con AstraZeneca así como la pésima información de muchos medios de comunicación y de las redes sociales en estos dos últimos años, han ayudado a que vislumbremos con un mínimo de certeza nuestro futuro. Es necesario no olvidar los colosales errores para poder seguir avanzando.  

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