Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

Solo se puede dar lo que uno tiene

Por
  • Félix Rodriguez Prendes
OPINIÓNACTUALIZADA 03/01/2022 A LAS 00:05
Los devotos acudieron fieles a la cita este domingo.
Misa en honor del Santo Cristo de los Milagros en Huesca.
Verónica Lacasa.

La palabra sâlom en hebreo y as-salam en árabe no solo significan “paz” en el sentido que ahora entendemos, de no agresividad, que también, significan además, cuando se dice, el deseo de un mundo en el que reinen la confianza y la hermandad, significa que no haya temor, que no haya mendacidad en nuestro comportamiento. En la Tierra Paz, esta paz es el objetivo de la Navidad y la primera vez que se formuló el deseo fue en el cántico de los ángeles la noche de Nochebuena, pero los ángeles le anteponen una premisa: “Gloria a Dios” porque si no hay gloria a Dios, esa paz no será duradera y esto es lo que los ángeles dicen en Belén, la Paz entre los hombres proviene de la Gloria a Dios. Este deseo de paz que se manifiesta de una manera sensible en la luz, se materializa en Navidad, San Lucas pone la Navidad en la noche de la hanukka de los judíos, en la noche de la fiesta de la luz y es en ese inicio, en ese aparecer del Niño, en esa Luz, cuando se inicia la paz sobre la tierra..

Para glorificar a Dios y de ese modo poner en marcha el proceso de la paz hemos de ser como los primeros que acudieron al pesebre, todos ellos eran hombres de paz. Estaba María, la persona más contemplativa; estaba el justo José que escucha y ve desde su interior. Hay que fijarse en la figura de San José arrodillado y orando -en los iconos de la Iglesia Oriental se representa así a José-; allí están los pastores con la sencillez de sus corazones, después vendrán los sabios buscando al verdadero Señor del mundo, y Simeón y Ana ¿y que hacen? Son personas para los que Dios desempeña un papel decisivo en sus vidas, es decir, que buscan la gloria de Dios, y por eso son también gentes de paz.

Bien, todos estos personajes que viven para Dios, para mayor gloria de Dios, en este momento en que la Palabra se ha hecho carne, en forma de un Niño indefenso, necesitado de todo, todos ellos le llevan algo. Hay un himno de la Iglesia oriental que dice “¿qué hemos de ofrecerte, oh! Cristo, que por nosotros has nacido hombre en esta tierra? Cada una de las criaturas, obra tuya, te trae en realidad el testimonio de su gratitud: los ángeles, su amor; el cielo, la estrella; los sabios, sus dones; los pastores, su asombro, la tierra, la gruta; el desierto, el pesebre. Pero nosotros, los hombre, te traemos una Madre Virgen (…). Se cumple la profecía que Isaías hizo en el siglo VIII a.d.C. “Mirad la Virgen está en cinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel” (7, 14) “Te nos traemos también a nosotros, más que un regalo monetario, te traemos la riqueza de la verdadera fe, a ti, el Dios y Salvador de nuestras almas” (Stikharion de la Navidad, citado por P. Evdonikov en Théologie de la beauté. Tournai. 1970). Y eso significa que el Señor no quiere que le demos algo, no quiere una parte de nosotros, el Señor quiere nuestro corazón, nuestro ser. Y esa es nuestra fe, que no es una teología -aunque necesitemos de la teología- ni es, desde luego, una ideología; la fe es estar seguros de que la Navidad no es algo que sucedió en el siglo I, sino que para mí está sucediendo siempre, porque el Señor está conmigo, me acompaña y yo vivo abandonado a Su voluntad. “Solo se puede dar lo que uno tiene y es en la soledad, en esta vida solo, con Dios solo, en el recogimiento profundo del alma, donde olvida todo para vivir únicamente en unión con Dios, pues Dios se da todo entero a aquel que también se da sin reserva. “ (Venerable Carlos de Foucauld. Carta al P. Jerónimo. 19 de Mayo de 1898)

Lo que ha sucedido, inimaginable y no por eso menos esperado y necesario es que este Niño que nos ha nacido “Este Niño es Hijo de Dios” y “vino a los suyos” como dice el prólogo del Evangelio de San Juan, y esto nos parece demasiado bello para que sea verdad, pero con este encarnarse, con este ser Dios de Dios, Luz de Luz, sin dejar de ser hombre, Dios deja de ser alguien lejano que nos creó y se desentendió de nosotros, tampoco es el primer motor de Platón, Dios está muy cerca, al alcance de mi voz, siempre accesible. Resulta, y es increíble que Dios tiene tiempo para mí. Dejemos que la alegría de la Navidad penetre en nuestra alma, de manera que “Enmanuel” (Dios con nosotros) sea una realidad todo el próximo año, que deseo sea muy Feliz para todos. También deseo que la generosidad de la dirección de este periódico me siga permitiendo comunicarme con ustedes.

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