Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

La España vaciada

Por
  • José Sanmartín Sopena, Profesor de IES (jubilado)
OPINIÓNACTUALIZADA 11/01/2022 A LAS 00:05
Residencias de mayores
Residencias de mayores
EFE

Se habla mucho, en la actualidad, de la España vaciada. En vez de tanto hablar se debería poner manos a la obra y hacer algo útil, para que no se vacíe del todo.

En la comarca de la Ribagorza (y me temo que en muchas otras comarcas), hay decenas de pueblos pequeños que languidecen y se encaminan hacia una despoblación total.

La gente joven se va de los pueblos, atraída por las ventajas de vivir en ciudades grandes, que tiene todos los servicios que puedan necesitar: enseñanza, sanidad, comercios, ocio, cultura, etc. y también están allí las empresas (donde suele haber más posibilidades de encontrar trabajo).

En los pueblos pequeños van quedando las personas mayores, que no quieren irse de su pueblo y que quieren conservar su libertad, mermada por los muchos años y por los achaques, que no les faltan. Muchos de ellos envejecen en esos pueblos sin darse cuenta de que ya no se valen por sí solos y de que necesitan ayuda para las actividades más esenciales de la vida: vestirse, asearse, levantarse, acostarse, hacerse la comida y comer, tomarse la medicación, etc., etc.

Algunas veces, las casas en las que viven esos mayores, ya no reúnen las condiciones idóneas de habitabilidad: fuegos bajos para calentarse quemando leña (chimeneas enormes que se les llevan casi todo el calor), puertas y ventanas sin cristales dobles, paredes sin aislamiento, grietas, goteras en los tejados, etc., etc.

A todo lo anterior hay que añadir la desventaja que supone tener el hospital más cercano a 100 Km de distancia, con malas carreteras, que hacen insufribles los desplazamientos.

Es cierto y hay que reconocerlo, que la Ley de Dependencia ha supuesto una ayuda inestimable para muchas personas mayores dependientes. Para conseguir esas ayudas, se requiere elaborar un PIA (Plan Individual de Atención) que, en ocasiones, tarda demasiado en hacerse y cuando se completa, los que lo habían solicitado ya han fallecido. Probablemente esa ley se queda coja en algunos aspectos: todas las personas mayores de 75 años (aunque no sean dependientes) deberían tener asignada una persona asistente, para ayudarles en las labores más imprescindibles y debería ser por cuenta del Estado. Esta sería una forma de crear muchos puestos de trabajo.

Los servicios sociales, existentes en cada centro de salud, realizan una labor esencial al atender a estos mayores, aconsejarles lo mejor para ellos, intentando que acepten ayudas o que (cuando ya no se valen) estén de acuerdo en ingresar en una residencia.

Por sus consejos, hay mayores atendidos en sus domicilios, por trabajadores sociales que les envían o por trabajadores que ellos contratan legalmente.

También hay mayores que rechazan tener personas que les ayuden en sus casas. Algunos piensan que cuestan demasiado, que fisgonean, que critican y que trabajan poco.

El personal de atención primaria tienen un trabajo extra con los mayores: atenderlos muchas veces, repetirles, las veces necesarias, las dosis de su medicación, aconsejarles lo que deben y no deben hacer, etc., etc. Necesitan mucha paciencia y muchas horas de dedicación.

Las Comarcas han sido un éxito, desde el punto de vista de atención a los mayores.

Muchos de ellos ya no conducen y al tener los centros de salud (para consultas) y hospitales lejos, se verían en la obligación de tener que contratar taxis, para sus desplazamientos.

El Transporte Adaptado que las comarcas tienen establecido presta un servicio muy esencial a todos los mayores. En Ribagorza se dispone de tres conductores y tres vehículos adaptados. Los conductores de esos vehículos no se dedican solamente a conducir, son muy amables y realizan muchos trabajos que facilitan la vida a quienes viajan con ellos: les ayudan, les acompañan, les consuelan, les facilitan todos los trámites que hayan de realizar. Hay que viajar con ellos para comprobar lo diligentes y solícitos que son. Pocos trabajadores se comportan como ellos.

Hace pocos días un conocido mío, que es muy mayor y vive con su hermano, todavía más mayor, me explicaba que tiene depresión y que eso le ocurre porque en el pueblo no puede hablar con la gente, no hay un sitio en el que reunirse para: hablar, discutir, jugar a las cartas, tomarse un café. Está seguro de que la depresión no le atacaría si todos los días pudiese hablar con la gente.

Obviamente, la depresión (si no se trata debidamente) acaba trayendo enfermedades mentales, que es una etapa ya mucho más grave, y que pueden desembocar, incluso, en tragedias.

Hay muy pocas residencias para mayores. En muchas de ellas no hay plazas. En las que hay plazas el precio es alto (no menos de 1500 euros al mes). Las personas mayores hacen números y ven que sus ahorros (que no suelen ser muy boyantes) se acabarían muy pronto pagando esas cantidades. La consecuencia es que se resisten a ir a una residencia (suponiendo que consigan plaza).

Saben que en la residencia perderían la libertad (que tienen en sus casas): levantarse a tal hora, ducharse todos los días, almorzar a tal hora, comer a determinada hora, etc., etc. En sus casas todo eso lo hacen cuando quieren, cuando tienen ganas, según que tiempo hace, etc. No hay que hacer mucho esfuerzo para comprender sus razones.

Tendría que haber muchas más residencias de mayores y dotadas (todas ellas) de Centros de Día. Las personas mayores irían allí a reunirse, jugar, hablar, discutir, comer, etc. Se acostumbrarían a estar allí y luego la entrada en la residencia no sería un acto traumático para ellos.

En Benasque, por ejemplo, debería haber una residencia de mayores de no menos de 100 plazas y con Centro de Día espacioso. No creo que tardase mucho en llenarse. Mientras eso no sea posible, hay que ampliar la residencia de Castejón de Sos y que la gente mayor de estos valles no tenga que ingresar en residencias a cientos de Km, cuando su deseo es no salir del valle.

Además de los puestos de trabajo que se crearían, fijando muchas más familias, sería un servicio que agradecerían todos: los jóvenes (para no tener que atender a mayores) y los mayores (por ser atendidos).

Hay que reconocer que se han hecho muchas cosas en Benasque: guardería, escuelas, IES, hospitalillo, pabellón, campos de deportes, urbanizaciones, paseos, etc., etc. Probablemente la residencia de mayores sea lo que más se nota que falta, por las personas mayores (a los que no hay que llamar ni viejos ni ancianos, porque esas palabras son, en cierto modo, vejatorias).

Si se quiere solucionar, o mejorar la situación, de la España vaciada, hay que hacer muchas cosas en los pueblos. En primer lugar para mejorar las condiciones de vida de los mayores que quedan allí. En segundo lugar para dotarlos de las condiciones necesarias para que los jóvenes no se vayan de los pueblos, porque encuentren allí medios de vida dignos y suficientes.

Probablemente habría que estudiar un sistema de subvenciones y ayudas para las familias que se decidiesen a trasladarse a vivir a los pueblos. Hay que ayudar a que los pueblos sigan vivos, con su gente, con sus escuelas, etc., etc. Si no se trabaja en esa dirección será imposible remediar lo de la España vaciada.  

Etiquetas