Opinión

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El coste de la libertad

Por
  • Antonio Casado
OPINIÓNACTUALIZADA 10/03/2022 A LAS 00:05
Soldados ucranianos entrenándose en primeros auxilios.
Soldados ucranianos entrenándose en primeros auxilios.
Roman Pilipey/EFE

Dos testimonios luminosos en el minuto y resultado de la guerra. Tema de fondo: el desbocado precio de la energía. Uno remoto, el del presidente de EE.UU., Joe Biden, cuando dice que “defender la libertad tiene un coste”. Y otro próximo, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, al reclamar una respuesta conjunta de los partidos políticos al problema del encarecimiento por culpa de Vladimir Putin.

Lo último es el inesperado acercamiento norteamericano --inesperado, pero inmediatamente correspondido-- a esa Venezuela de Maduro que cinco minutos antes se había colocado del lado de Putin. Que Biden mire hacia Venezuela como alternativa a las compras de petróleo ruso, en un curioso movimiento de ida y vuelta, es agua de mayo para el régimen chavista, con el que prácticamente no se trataba desde 2019. EE.UU. se retrata al anunciar el veto a las importaciones rusas en nombre de las libertades amenazadas en la Europa oriental. Todo un desafío para la UE, donde está por ver que pueda o quiera hablar con una sola voz respecto al modo de reducir la dependencia energética de Rusia, puesto que es muy diferente entre los 27.

La cumbre del jueves y el viernes (10 y 11 de marzo), convocada en Versalles por la presidencia semestral francesa nos alumbrará el camino del análisis sobre la respuesta a la pregunta: ¿Qué puede hacer Europa, y cuándo, para reducir la dependencia energética de un país que vulnera el orden democrático y el derecho internacional?

En cuanto a la derivada doméstica, la última pista nos lleva al Congreso de los Diputados. En la sesión de control del miércoles, el presidente del Gobierno, acusado por Cuca Gamarra (PP) de usar la guerra de Ucrania como yacimiento de sus coartadas (las de Sánchez), dijo que este conflicto bélico “va a sacar lo mejor de nosotros mismos”.

Según y cómo. Es cierto que Putin ha hecho el milagro del reencuentro de Europa consigo misma, mejorando su autoestima con respuesta conjunta a la agresión rusa a un país soberano. Pero de esa constatación cuelgan no pocos desencuentros de diferente escala temática y geopolítica.

La pregunta de Gamarra se interesaba por la posición de España ante la subida de los precios de la energía, como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania. Pero acabó convirtiéndose en un nuevo señalamiento de las contradicciones que habitan en el Gobierno de coalición, donde parecen sentarse los dos bandos del conflicto ucraniano. Uno de esos bandos celebró con entusiasmo el Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, se echó en falta un homenaje del feminismo a las mujeres ucranianas que empuñan las armas y se juegan la vida en defensa de las libertades. Ese coste es bastante más alto que comprar en Venezuela el petróleo que no se quiere comprar en Rusia. 

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