Opinión

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Así se cuenta la historia

Por
  • Lázaro R. Carrillo Guerrero
OPINIÓNACTUALIZADA 31/03/2022 A LAS 07:00
sáhara occidental
Sáhara Occidental
Efe

LOS HECHOS, nuestras experiencias, se suceden y lo que queda, lo que más importa, es la historia que construimos o que reconstruimos. Pues, la realidad se reconstruye en la coherencia y en el sentido de esas circunstancias que sobrevienen, y frente a esas respuestas que se van necesitando. Y así sucede con el comunicado de Madrid, al posicionarse frente al conflicto del Sahara occidental. Sus palabras “ausencia de acciones unilaterales”, “transparencia”, y “en nuestra relación con Marruecos”, han dado sentido a la realidad del plan de autonomía de la excolonia española bajo la soberanía de Rabat, que controla un 80% del territorio. Pero han desacreditado el referéndum de autodeterminación que desde décadas están reclamando los independentistas saharauis del Frente Polisario, apoyados con vigor por Argelia.

De modo que una nueva geopolítica magrebí puede estar surgiendo ya. El peso simbólico y diplomático de España sobre su excolonia se posiciona con un Marruecos que se reconforta, mientras que Argelia se enoja, y los saharauis, según CEAS-Sahara, no van a aceptar nunca ese estatus de autonomía, para un Sahara que se aposenta sobre extensos depósitos de fosfato y cobija ricas zonas pesqueras.

En ese escenario, donde Argelia retira a su embajador de España y Marruecos lo vuelve a poner, las relaciones hacia un lado y hacia otro son muy susceptibles de escalada. Argelia y Marruecos permanecen sin relaciones diplomáticas, y en ellas Argelia tiene cerrado su espacio aéreo y el gaseoducto Magreb-Europa. Aun así, y como alternativa al gas ruso, Argelia es un socio estratégico, tanto por sus dos gaseoductos directos con España (el Medgaz hasta Almería) e Italia (el Transmed), como por este que mantiene cerrado a través de Marruecos. Por lo que la crisis a causa de la guerra podría favorecer que prevalezcan los beneficios económicos sobre la tensión territorial en el Magreb.

Nuevas estrategias para el suministro del gas, y nuevas realidades para lemas históricos como “N0 pasarán”. Esta consigna de los defensores de Madrid contra las tropas de Franco, en 1936, reconstruye dos nuevas realidades. Una, si la guerra civil española realmente fue provocada por la deriva revolucionaria de la República (Pío Moa). Y otra, su fuerza activista y de convocatoria para responder a la deriva de Putin. En 2012 en Moscú, este eslogan español lo utilizó en su camiseta Nadezhda Tolokonnikova, miembro del colectivo feminista ruso Pussy Riot, contra la campaña electoral de Putin. Y ahora se repite, como llamada y unión de esfuerzo de voluntarios internacionales para luchar frente a la agresión y destrucción en Ucrania.

En el paisaje de esta llamada y en el de sus propias comparecencias, Zelensky ha hecho eco a las palabras de Churchill (1940), en el mismo lugar, el Parlamento del Reino Unido. De modo que “Lucharemos … … No nos rendiremos nunca” reconstruye la historia (2022) con las escenas de una heroica resistencia Ucraniana. Nadie piensa en la capitulación y a todos, incluyendo pro-rusos, les une su confianza en la capacidad de resistir. Aunque el temor sea el sentimiento dominante junto con el odio al invasor.

En el lado del invasor está el objetivo de desmoralizar, aterrorizar, hacer huir, y un símbolo sin sentido y vacío de significado, la “Z”. Un símbolo que solo lleva propaganda y que está conduciendo a la propia humillación de la agresión.

Porque la guerra es injustificable. A pesar de que según la organización rusa independiente Levada Center, un 67% de los rusos estén a favor de ella. Pero la propia propaganda que les maneja les están humillando a ignorar la realidad: más de 10 millones de refugiados, bombardeos de hogares, hospitales y escuelas, destrucción de ciudades. Y les están maltratando por desconocer el fracaso del plan inicial de la invasión, las bajas del ejército ruso y otras fuentes alternativas de información. Solo tienen una propaganda vacía y sin coherencia. Como la de la televisión estatal Russia-1: “La operación para despejar Ucrania de nazis continúa”; “Ningún otro líder occidental tiene tanto apoyo como Putin”. O como la del propio Putin recientemente en la concentración del estadio Luzhniki: la necesaria y natural limpieza de la sociedad, purgando a la escoria y traidores domésticos “… fortalecerá nuestro país, nuestra solidaridad y disposición a enfrentarse a cualquier desafío”. l

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