Opinión

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Si Francia cae, la Unión Europea colapsa

Por
  • Manuel Campo Vidal
OPINIÓNACTUALIZADA 28/04/2022 A LAS 00:05
Marine Le Pen, candidata de la ultraderecha a la presidencia de Francia, tras la primera vuelta de las elecciones
Marine Le Pen.
Efe

Esto es un sinvivir, con un “¡Ay!” permanente. Que si Putin invade Ucrania, o que si le da al botón nuclear; que si los tipos de interés escalan hasta ahogar en todas partes a las clases más desfavorecidas; que si la Presidencia de Francia la ha renovado Macron pero con una señora como Marine Le Pen de extrema derecha, con maquillaje de moderación, que se sitúa por encima del 40 por ciento de los votos... Tiempos difíciles, como escribió Charles Dickens; o más difíciles todavía, porque ahora, encima, son vertiginosos.

Como ya demostró el debate cara a cara entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen, hay dos Francias bien distintas. La fractura es muy seria y afecta a casi la mitad de la población que vota. Pero existe una tercera Francia: la de la abstención y la desconfianza en las instituciones. El cara a cara lo siguió un millón menos de personas que hace cinco años y la mitad que en 1981. El domingo pasado la participación fue la más baja desde 1969. La desafección crece.

Macron propugna la fortaleza del eje franco-alemán, núcleo de la construcción europea. Italia y España, tercera y cuarta economía de la Unión, completan ese grupo director. Y luego el resto hasta los 27, con mayor o menor entusiasmo, como el que muestran regímenes iliberales, que tienen dificultades para respetar los derechos humanos en la vida cotidiana y la justicia europea; va eso por Hungría y, en ocasiones, por Polonia. Pero aún así, nadie quiere salir de la Unión porque el Brexit ya mostró las consecuencias nefastas de semejante decisión. Con todo, la Unión resiste una guerra a sus puertas, abre su solidaridad a los cinco millones de refugiados ucranios y esquiva, por el momento, todos los intentos de división que le tiende Putin.

Le Pen lleva ensayando su papel moderado desde hace años pero Macron tuvo la habilidad dialéctica de que aflorara en el debate su verdadero pensamiento. No quiere sacar a Francia de la Unión, afirma ahora, pero critica casi todas sus decisiones y prefiere fortalecer el estado-nación. Propugna una alianza de seguridad con Rusia lo que desaira a la OTAN, especialmente porque Francia es potencia nuclear, la única de la Unión Europea.

Una victoria de Le Pen dentro de cinco años no solo dañaría gravemente a Francia, sino que desestabilizaría a la Unión Europea sin comparación con lo que supuso el Brexit. Piensen que hace cinco años Le Pen discutía la vigencia del euro como moneda común. Una eventual salida de la Unión, o su permanencia con restricciones máximas, quebraría la libre circulación de personas y mercancías, base del mercado común. Sin Francia en el club, volverían las aduanas a los Pirineos y España y Portugal quedarían en una isla.

Le Pen tiene recorrido mientras que Macron no podrá volver a presentarse. Con el Partido Socialista y los Republicanos pulverizados, habrá que inventar otra figura solvente que cierre el paso al populismo autoritario de la extrema derecha disfrazada.

Y entre tanto, comienza la campaña de las legislativas a celebrar en dos meses. Melenchon, la izquierda, aspira a ser primer ministro. Macron sabe que tiene a casi la mitad de los franceses en contra y que, además, se ha normalizado por tercera vez el voto a una formación, como la de Le Pen, que cree en una Francia que deje de ser la de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Inquietante.  

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