Opinión

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Erasmus

Por
  • Luis del Val
OPINIÓNACTUALIZADA 06/05/2022 A LAS 00:05
Acto de bienvenida realizado por la Universidad a los estudiantes Erasmus del presente curso.
Acto de bienvenida realizado por la Universidad a los estudiantes Erasmus del presente curso.
Pablo Segura

No me refiero al filósofo de Rotterdam, que se salvó de la hoguera por ser tan listo como inteligente, sino al nombre que recibe la saludable estancia de los universitarios europeos en campus fuera de su país, durante uno o dos cursos.

Los alumnos perfeccionan o aprenden una de las lenguas que se hablan en Europa y, además, conocen de cerca un país del que puede que no hayan visitado nunca, o lo hayan hecho ocasionalmente, en un breve viaje turístico. Será una labor lenta, pero es la más eficaz para la construcción de una Europa unida, no solamente por el interés, sino por el conocimiento, contando con que un porcentaje nada despreciable de esos estudiantes, en quince, veinte o treinta años, ocuparán cargos de responsabilidad en las empresas, en la política o en los ambientes científicos.

Bueno, pues en su constante labor de apartheid voluntario y entusiasta, el nacionalismo catalán se desmarca de esa labor sociológica e intelectual, y trabaja con entusiasmo para que las universidades catalanas destierren el español en las clases. Hasta ahora, eran bastantes los estudiantes europeos que elegían Barcelona para hacer el Erasmus, y me imagino que el poder atractivo de Cataluña quedará bastante neutralizado, porque uno de los objetivos de los estudiantes suecos, británicos, alemanes, daneses o belgas, es perfeccionar o aprender una de las lenguas más habladas en el mundo, la segunda después del inglés en la cultura occidental, y la tercera o cuarta, porque el chino y el hindi van por delante.

Quiero decir que, de la misma manera que cientos de españoles deciden ir a Irlanda o Reino Unido por aprender inglés, miles de estudiantes europeos eligen Madrid, Barcelona, Zaragoza o Santiago de Compostela para hacer el Erasmus y perfeccionar el español. Mi yerno, por ejemplo, estudió en Edimburgo, pero no creo que hubiese sido su elección si le hubieran avisado de que las clases se impartirían exclusivamente en escocés. ¿Iría un estudiante alemán a hacer el Erasmus a Santiago de Compostela si las clases sólo se dieran en gallego?

Felicitemos al separatismo catalán, cada día más absorto en contemplar su ombligo diferencial, y tan previsor en que la ruina que siembra se prolongue en el tiempo. Cuanto más se separan de España, más se separan de Europa. 

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