Opinión

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El trampantojo

Por
  • Victoria Lafora
OPINIÓNACTUALIZADA 29/05/2022 A LAS 00:05
relaciones entre España y Marruecos
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
E.P.

TAN MAL fue la comparecencia parlamentaria de Pedro Sánchez en el Congreso, para explicar el espionaje de Pegasus, que se vio obligado a salir ante las cámaras, rodeado de sus ministros, para hablar de unidad y de “equipazo”. Incluso la sonrisa forzada desmentía el ilusionismo de un Gobierno en armonía. 

El mismo día en que ningún grupo creyó su versión sobre la intervención telefónica de los lideres independentistas y mucho menos su ignorancia sobre la labor del CNI, el día en que sus socios les abandonaron ante la votación de la Ley Audiovisual, se hizo la escenificación de “amor eterno” entre los dos (¿o son tres?) socios de Gobierno. 

Porque el teatro montado por Moncloa en el que Pedro Sánchez y Yolanda Diaz aprovecharon la presentación del PERTE para llenarse de elogios mutuos y jurar que acabarán juntos la legislatura, no fue sino un trampantojo que intentaba disimular las crecientes tensiones entre el PSOE, el proyecto de Diaz, y Podemos. 

Cada uno a lo suyo. Por si este cisma fuera poco relevante, también entre los ministros socialistas crecen las rencillas y las tensiones encubiertas. El ministro Bolaños, sustituto de Ivan Redondo en el corazón de Pedro Sánchez, acapara poder y foco mediático y empieza a ser el perejil de todas las salsas. Curiosamente, siendo el responsable, en su momento, de la seguridad de los teléfonos de Moncloa, y no habiéndose enterado de que los habían pinchado, ahora será el encargado de la guardia y custodia de los secretos oficiales. La reforma de la Ley redactada por el Almirante Carrero Blanco (tiempo ha tardado el Estado democrático en plantearse modificar una legislación de la dictadura) asigna a Presidencia su control y lo aleja del CNI como quería Margarita Robles. Lo que parece claro es que “este equipazo” va a intentar, contra viento y marea, llegar al final de la legislatura por una razón fundamental: las encuestas le son claramente desfavorables. 

El presidente ha perdido la credibilidad ante la opinión pública, Yolanda Diaz no arranca su proyecto con el ímpetu necesario y Podemos va en caída libre en manos de Ione Belarra y con Pablo Iglesias manejando los hilos en la sombra. 

Por su parte, Esquerra Republicana ha encontrado en Pegasus el alimento para mantener prietas las filas del independentismo y volver a insuflar en la sociedad catalana el relato victimísta que tan buenos resultados les dio. Hemos pasado del “España nos roba” al “España nos espía”. Solo queda que en el próximo encuentro, todavía sin fecha, entre Aragonès y Sánchez, este último entregue la cabeza de Margarita Robles para recuperar su amistad. Porque está claro que, con el cese injustificado de la directora del CNI, no se han dado por satisfechos. 

Y todo esto a las puertas de las elecciones andaluzas donde Espadas, el candidato impuesto por Moncloa, tiene nulas posibilidades de recuperar el que fue el mayor feudo socialista desde hace décadas. La sonrisa de Sánchez, con la mandíbula apretada, solo mostraba el comienzo del declive. 

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