Opinión

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JJOO: el fracaso de la mala política

Por
  • Gerardo Oliván
OPINIÓNACTUALIZADA 08/06/2022 A LAS 00:05
Javier Lambán y Alejandro Blanco en una imagen de archivo.
Javier Lambán y Alejandro Blanco en una imagen de archivo.
S.E.

LA REALIZACIÓN de unos JJOO en nuestro pirineo ha sido una vieja aspiración de nuestro territorio, una reivindicación histórica indiscutiblemente ligada a los primeros intentos del alcalde popular de Jaca Armando Abadía.

Y es también indiscutible que supondría un importante motor para uno de los sectores más importantes de nuestro territorio, el ligado a la nieve, que ha sufrido especialmente tanto por los envites de la pandemia como por decisiones políticas titubeantes y contradictorias.

Desde que se anunció la candidatura olímpica conjunta entre Aragón y Cataluña para los Juegos de invierno 2030, en el PP siempre la hemos defendido desde una perspectiva irrenunciable: en plano de igualdad. En Aragón, otros partidos defienden la misma postura; otros, que pertenecen al gobierno de Lambán, no la apoyan, puesto que, directamente, no creen en el sector de la nieve; y por último, el PSOE, cuya evolución con el paso del tiempo y según su ámbito territorial es verdaderamente sorprendente y ha dejado atónitos a observadores de todo signo, tanto en contexto aragonés como en la totalidad de España.

Los altoaragoneses no nos vimos sorprendidos de la hiriente desigualad de la propuesta técnica a pesar de que, días antes, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez garantizó a Lambán una candidatura en igualdad. Sánchez suele hacer lo contrario de lo que afirma y confiar en su palabra es un error que en el PP no cometemos.

Como saben, la propuesta inicial llevaba a Cataluña todo el esquí alpino, una especialidad que cobra especial importancia por un motivo evidente, dado que el lugar donde se celebre rentabilizará la promoción de nuestro producto estrella: las pistas de alpino. No cabe la menor duda de que si la promoción de esa modalidad radica en Cataluña, el perjudicado es Aragón, su máximo competidor.

En todo el proceso, llama la atención la sobreactuación del presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, cuando como todo el mundo sabe la propuesta técnica desigual contó con el aval de los tres representantes del propio ejecutivo aragonés y que, según han manifestado, informaban de cada una de las reuniones de la mesa. Es literalmente imposible que Lambán desconociera desde el primer minuto el agravio que se ceñía sobre nuestro territorio. ¿Cómo es posible escenificar la indignación sobre una propuesta de la que Aragón fue cómplice? ¿Cómo es posible que después de avalar esa propuesta el ejecutivo aragonés reclame, como hace unánimemente la sociedad, que estén presentes todos los valles? ¿Alguien puede creer que el gobierno de Lambán desconocía que no se fue a visitar el valle de Benasque, ya que no se contaba con él en el proyecto?

Todo parece indicar que Lambán, investido como una suerte de cruzado aragonés, está utilizando la confrontación con Cataluña como máquina electoral, cuando la realidad es que la apuesta por una candidatura desigual parte del propio gobierno de España y de su propio partido. A nadie le cabe duda que la decisión sobre la candidatura le corresponde a Sánchez. Es la verdad objetiva.

Llegados a este punto, creemos que Lambán debe relajar la tensión, dejar de pedir dimisiones y desautorizar a representantes de instituciones, y exigir a Sánchez que lo reciba y garantice la candidatura. Sánchez, por una vez, debería cumplir con su palabra y garantizar un proyecto olímpico en pie de igualdad. Y Cataluña, por supuesto, debería flexibilizar su postura y buscar un acuerdo que posibilite una candidatura en igualdad.

El tiempo corre. Los antecedentes no son buenos. El momento exige altura de miras.

Hemos visto a representantes que avalan lo que luego se critica, posiciones absolutas por todas las partes, falta de diálogo, escasa lealtad, compromisos devaluados, desautorizaciones. Asistimos a una evidencia demostrada: la mala política nos lleva al fracaso. De todos depende reconducir la situación. No sé si estamos a tiempo de redefinir la candidatura. Lo que si sé es que estamos a tiempo de no hacer el ridículo por no ser capaces de alcanzar un acuerdo con una candidatura en igualdad.

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