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¿Debate o propaganda?

Por
  • Julia Navarro
OPINIÓNACTUALIZADA 13/07/2022 A LAS 00:05
Vista del Congreso de los Diputados en la primera jornada del Debate del Estado de la Nación.
Vista del Congreso de los Diputados en la primera jornada del Debate del Estado de la Nación.
EFE

¿Alguien puede explicar por qué Pedro Sánchez se ha escaqueado año tras año de celebrar el debate sobre el estado de la nación? Bueno pues este año toca, cuando la legislatura entra ya en su recta final y en un momento en que, según las encuestas, los ciudadanos tienen ya descontado a Sánchez y su Gobierno.

Sí, el desafecto hacia Pedro Sánchez y los suyos es más que evidente y, quizá por eso, el Presidente ha decidido que lo mejor era organizar un gran acto político en un marco inigualable como es el Congreso de los Diputados, para defender y explicarnos, lo bien que, cree, ha gobernado y lo bien que lo va a hacer en el futuro.

Así que la cuestión de fondo es si cuanto diga el Presidente tendrá efecto en el electorado, si le van a creer, si va a ser capaz de convencer de que tiene un proyecto más allá de mantener las riendas del poder.

Y es que la credibilidad de Sánchez está bajo mínimos y su estilo faltón y desafiante se aleja de lo que en estos momentos parece demandar la sociedad: liderazgos templados, sin histrionismos, con soluciones realistas.

Otra cuestión que se viene planeando, no solo sobre el debate que se celebra en el Parlamento, es el que se refiere a la relación entre el PSOE y Podemos. Los ministros podemitas vienen manifestando sus discrepancias con muchas de las decisiones que ellos mismos avalan en el Consejo de Ministros. Incluso, de vez en cuando se permiten no apoyar al propio Gobierno en el Parlamento. Pero que nadie se lleve a engaño esos rifirrafes no tienen ningún recorrido. Me creo a pies juntillas esta afirmación hecha por la Vicepresidenta Yolanda Díaz al diario El País: “Nada va a romper el Gobierno”.

Realmente no tengo la menor duda de que ,aunque nos arrasarán las siete plagas de Egipto, ni Pedro Sánchez rompería su alianza con Podemos ni Podemos la rompería con Pedro Sánchez, y es que en definitiva ¿dónde iban a ir los unos sin los otros?

Pedro Sánchez necesita a Podemos hasta el último día de legislatura y los ministros de Podemos ya han saboreado las mieles del poder y comprobado que vivir a cuerpo de ministro es mejor que hacerlo a cuerpo de lo que eran antes.

Así que Sánchez y los suyos aguantarán a los ministros de Podemos por más echen pestes sobre ellos en privado, y los ministros podemitas se continuarán “sacrificando” en nombre del pueblo formando parte de un Gobierno que no es tan rojeras como les gustaría.

Sánchez se ha terminado creyendo que efectivamente es la encarnación de aquel libro que publicó, el famoso manual del resistente, y que le basta con anunciar un sinfín de proyectos, dice, encaminados a mejorarnos la vida, para que le creamos. A eso le añade su pertinente afición de hacer oposición a la oposición, y cree que así completa el círculo. Quizá, ni él ni su celosa guardia de corps, terminan de darse cuenta que el problema fundamental es su falta de credibilidad y unas políticas, como la de poner en marcha la ley de Memoria Democrática en compañía de Bildu, o sus continuas componendas con Esquerra, que provocan un profundo rechazo y malestar en la sociedad.

Sánchez es un Presidente errático que lo mismo se nos presenta como el más pro norteamericano y atlantista de entre los atlantistas, que como el más izquierdistas de los izquierdistas. O sea que seguramente no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario, es decir: depende las circunstancias y de lo que más le favorezca en todo momentos. Esa es la cuestión, eso es lo que los ciudadanos han ido percibiendo a lo largo de los años y lo que le ha ido restando credibilidad.

Pero vuelvo al principio preguntándome si la celebración de este debate sobre el Estado de la Nación dejará algo más que una estela de medidas anunciadas, más que como soluciones a los problemas, como simple propaganda. Veremos.  

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