Opinión

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La inteligencia finita

Por
  • Rafael Torres
OPINIÓNACTUALIZADA 26/07/2022 A LAS 00:05
El consejero de Medio Ambiente de Castilla y León, señor Suárez-Quiñones.
El consejero de Medio Ambiente de Castilla y León, señor Suárez-Quiñones.
EFE

Los medios y los recursos para combatir los incendios forestales pueden ser, y son desgraciadamente, escasos, insuficientes, limitados o paupérrimos, pero para el consejero de Medio Ambiente de Castilla y León, señor Suárez-Quiñones, son “finitos”, esto es, como la vida misma. Diríase que al consejero lo de “finito” le deja más tranquilo por lo que el vocablo tiene de fatalista y, en consecuencia, de aminorador de su responsabilidad. Pero el encargado de mantener el campo, el monte y las frondas de su comunidad en condiciones de no ser pasto de las llamas a la mínima, encuentra otro elemento de descargo personal nada menos que en el “ecologismo extremo” y en “sus nuevas modas con los ríos”. ¿Qué modas son esas? Sólo el señor Suárez-Quiñones lo sabe, como también debe conocer él solo las conspiraciones del “ecologismo extremo” para que Castilla y León arda por los cuatro costados

Se juntan, pues, lo finito con el ecologismo extremo y sus modas fluviales, y el resultado no puede ser sino algo enteramente ajeno a la labor, o a la no-labor, del autor de tan brillante como zarrapastroso análisis. Todo es finito, como los bocadillos con tres rodajas de chorizo con que la Junta de Castilla y León pretendía alimentar a los bomberos forestales que en jornadas extenuantes se juegan la vida frente al fuego, y que forzaron al benéfico chef José Andrés a llevarles algo digno de comer. 

Ahora bien; aunque las cosas sean finitas, parece haber quien prefiere esperar un poco para comprobar que están bien finiquitadas, cual el caso del vicepresidente de la misma Junta, el ínclito García-Gallardo, que se fue a visitar un incendio, vestido como un figurín, cuando ya se había sofocado, diez días después de iniciarse calcinándolo todo. 

Todo es finito, pero unas cosas más que otras. La inteligencia, por ejemplo, es muy finita, así en su acepción efímera como en la de delgadez, en según qué cabezas, circunstancia particularmente dramática cuando esas cabezas son las más obligadas a regir bien. Arde España, pero habrá que buscar las causas en la finitud de los medios y en las nuevas modas del ecologismo. 

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