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Otra que lo deja

Por
  • Victoria Lafora
OPINIÓNACTUALIZADA 01/08/2022 A LAS 00:05
Macarena Olona, candidata de Vox a la Junta de Andalucía.
Macarena Olona, fue candidata de Vox a la Junta de Andalucía.
E. PRESS

Macarena Olona, la dirigente de Vox en Andalucía, deja su puesto, el partido y la política por razones de salud. Es la tercera mujer con cargo en plaza que en este mes de julio deja su responsabilidad aduciendo los mismos motivos. Antes que ella, Adriana Lastra, abandonó su puesto en la Ejecutiva socialista por proteger su embarazo de riesgo, según relató en un escrito a los sus compañeros de partido. Por los cambios radicales que Sánchez efectuó días después en en la cúspide del PSOE, resultó evidente que se marchó antes de que la invitaran a hacerlo. Demostrando que en la política no hay amigos, ni amores para siempre. Coincidiendo casi en las mismas fechas, la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, dejó su cargo también como consecuencia de un operación de espalda. O eso es lo que dijo en su escrito de despedida. Si no fuera porque la polémica le acompañó desde el mismo día de su nombramiento podría resultar creíble que la lesión vertebral le haya llevado a dejar la máxima responsabilidad en la carrera fiscal. Y ahora le toca a la dirigente de Vox pasar por el mismo trance.

Olona, que creció gracias a su látigo verbal en los escaños de la formación de extrema derecha en el Congreso de los Diputados, fue la gran esperanza de Abascal para conseguir un éxito en las elecciones andaluzas y lograr el segundo gobierno de coalición con el PP. Pero su candidatura se fue desinflando nada más comenzar la campaña. A pesar de que su mentor y máximo dirigente de Vox no la dejó sola ni a sol ni a sombra y, por tanto, deberían haber compartido la responsabilidad del fiasco, se quedó obligada en Sevilla. El aplastante triunfo de José Manuel Moreno convirtió al grupo de extrema derecha en irrelevante, ya que no necesita sus votos ni su apoyo para nada, y a Olona, que no conocía mucho al resto de dirigentes de su partido en Andalucía, en una sombra por los pasillos de la cámara sevillana. Tampoco sus colegas de escaño en el Congreso de los Diputados la echaron de menos. Es más, su agresiva oratoria y su protagonismo, concitaron la envidia de otros dirigentes que, sin tener su formación jurídica, se veían relegados al papel de aplaudir a su líder Abascal cuando subía a la tribuna o a vociferar cuando intervenía algún representante de la izquierda.

Parece demasiada casualidad que en solo un mes tres mujeres con importantes responsabilidades políticas hayan dejado sus puestos por motivos de salud. O la política es un arma de destrucción del cuerpo y el alma, o una vez más las mujeres demuestran que saben dejar los cargos con más dignidad que los varones cuando sus expectativas declinan. 

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