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La ¿buena? propuesta de la vicepresidenta

Por
  • Fernando Jáuregui
OPINIÓNACTUALIZADA 10/09/2022 A LAS 00:39
Compras compulsivas en el supermercado.
Compras en el supermercado.
EFE

YOLANDA DÍAZ, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo del Gobierno de Pedro Sánchez, últimamente marca bastante la agenda del Ejecutivo, aunque no estoy seguro de que sea a gusto de todos. Su propuesta de negociar una contención de precios de productos básicos con organizaciones de consumidores y grandes distribuidores, sobre todo grandes superficies, ha provocado un revuelo como yo no recuerdo en una propuesta gubernamental, entre otras cosas porque el tal revuelo se ha extendido a varios ministros, que han criticado la iniciativa de su colega tachándola, aunque no explícitamente con estas palabras, de insolidaria e imprudente. 

¿Le tocaba a doña Yolanda lanzar la propuesta de este diálogo entre consumidores y distribuidores? ¿O era competencia de la vicepresidenta económica, doña Nadia Calviño, con muy malas relaciones con Díaz, o del ministro de Agricultura, Luis Planas, que no ha disimulado su enfado ante la iniciativa de la coaligada? O ¿es que la iniciativa es un error, imposible de implementar sin grandes perjuicios secundarios?

 De manera sorpresiva, también la ministra de Defensa, Margarita Robles, se ha unido al coro de los irritados con la vicepresidenta segunda, diciéndole con palabras cautas pero inequívocas que se meta en los asuntos que le competen, y no en otros. Al tiempo, muchos medios han arremetido contra la que en teoría será, cuando toque, la candidata de Podemos en las elecciones generales. 

Creo que no hay para tanto: el político está obligado a lanzar e implementar, para que se debatan, ideas que pueden ir en beneficio de los ciudadanos, y bajar el precio de una parte de los elementos básicos de la cesta de la compra de aquí a Navidad es algo indudablemente beneficioso para el consumidor medio. Y ¿es perjudicial para el pequeño comercio? No necesariamente si se arbitran medidas positivas para este sector, ya sea fiscalmente o por otras vías, lo que es, pienso, perfectamente posible. Pero, claro, eso habrá que detallarlo y explicarlo mejor en su momento.

 En efecto, Yolanda Díaz, a quien ahora se trata de ridiculizar desde varios frentes no solamente ligados a la oposición, quizá se haya precipitado a la hora de proclamar su medida sin consensuarla o consultarla con otros ministros: lo cierto es, sin embargo, que el político habría de estar forzado a lanzar continuamente ideas y proyectos novedosos, aunque acaso debieran estar más reposados que el que comento, que, por otra parte, es algo que se está poniendo en marcha en otros países, señaladamente en Francia. El airado eco que se escucha contra la propuesta de Yolanda Díaz ha sido tremendo: desde ‘bolchevique’ que pretende ‘imponer’ un control de precios contra lo que dice la Constitución hasta ‘ignorante’ o ‘arribista’ se la ha llamado de casi todo. 

Sin importar, al parecer, que ella no propone ‘imponer’ nada, sino dialogar en torno a una propuesta, quizá no del todo delimitada, de manera coyuntural (hasta Navidad) y en unas circunstancias tan especiales como que nos hallamos en una economía de guerra, y eso obliga a hacer cosas extraordinarias. Admito que acaso la ambición por desmarcarse y destacar dentro del Gobierno haya impulsado la acción de Yolanda Díaz, presionada por su propia necesidad de ocupar titulares ‘positivos’ ante su gira para potenciar la plataforma Sumar. 

Pero también reconozco que la ambición es un móvil que puede ser una interesante fuente de iniciativas, proyectos y realidades. Ignoro si toda esta polémica servirá a la señora Díaz para cimentar su hoy aún muy débil proyecto político. Tampoco puedo calcular su efecto sobre la cohesión interna en el Gobierno que preside un Pedro Sánchez que parece inclinado, no como algunos de sus ministros, a la ‘tolerancia’ con el ‘verso suelto’ Díaz. Quizá la política española, tan adormilada y perezosa, precise de arranques como el de la gallega. Un arranque que, en todo caso, a nadie parece dejar indiferente. ¿Es eso lo que necesitamos o se nos ha pasado de frenada?

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