Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

Solo el presente

Por
  • Fernando Alviera
OPINIÓNACTUALIZADA 15/09/2022 A LAS 00:20
Secuencia del cortometraje Goya 3 de mayo del oscense Carlos Saura.
Secuencia del cortometraje Goya 3 de mayo del oscense Carlos Saura.
CARTV

TENÍA olvidado a Marco Aurelio, he de reconocerlo. En algún momento quizás ya en el bachillerato en Gerona y con toda seguridad en San Viçens dels Horts o Sentmenat durante los estudios de Magisterio, apareció su nombre en clase, especialmente en la de Historia de la Filosofía que creo recordar solíamos conocer como clase de televisión por lo ameno que resultaba el profesor, Carlos Zamora, cabeza privilegiada y oriundo de Adahuesca. Supongo que el tal Marco Aurelio sería mencionado sin excesivo entusiasmo en el libro de texto de Franco Amerio en edición de la Central Catequística Salesiana de la madrileña calle de Alcalá habida cuenta que, pese a ser uno de los pensadores más cercanos al cristianismo, fue como emperador, el primero que dejó las medias tintas utilizadas por sus predecesores Adriano y Antonino Pío y encorrió a gorrazos y de formas mucho menos delicadas a los cristianos…

Recientemente, algunas desapariciones demasiado tempranas ocurridas en mi entorno han hecho que su nadie puede quitarte lo que no tienes rondase mi cabeza con insistencia pese a que no me resulta especialmente atractiva la idea de que no poseamos ni el pasado ni el futuro y que la muerte solo nos quite el presente, lo que hace que deje de importar la edad en la que damos el paso hacia otra o, según él, hacia ninguna parte.

Otra frase lapidaria que ha vuelto a pasear por las escasas neuronas en uso desde las lejanas clases de historia de la filosofía, ha sido el panta rei de Heráclito. por lo que tiene de impresionista que es la parte del arte por la que me he sentido especialmente atraído y eso me ha llevado de nuevo a la definición del presente, del momento que sí nos pertenece; el todo fluye, que hace que los pintores de finales del XIX consideren que deben plasmar un instante de esa realidad fluyente, ha presidido no solo mi interés por la historia sino también por la práctica de la pintura. (Recientemente he podido comprobar que, como les ocurre a los expresionistas con Goya, los impresionistas también contaron con un adelantado, al que se le puede perdonar incluso que sea inglés, Turner, cuya pintura cabalgó sobre raíles heraclitianos).

Pero vuelvo a Marco Aurelio cuando en otro momento de su discurso sobre que nadie te puede quitar lo que no tienes advierte: Piensa, por ejemplo, en los tiempos de Vespasiano. Verás siempre las mismas cosas: personas que se casan, crían hijos, enferman, mueren, hacen la guerra, celebran fiestas, comercian, cultivan la tierra, adulan, son orgullosos, recelan, conspiran, desean que algunos mueran, murmuran contra la situación presente, aman, atesoran, ambicionan los consulados, los poderes reales. Pues bien, la vida de aquellos ya no existe en ninguna parte.

El emperador filósofo no consideraba el más allá de la persona, incluso cuando ésta todavía sigue siendo recordada por sus descendientes, que es la explicación a la que recurrimos para intentar solucionar ese gran interrogante que nos plantea lo absurdo de nuestra realidad. Marco afirma con contundencia que ya no existen en ninguna parte. Lo de murmuran contra la situación presente me ha llegado porque deja claro que da lo mismo que gobierne Vespasiano, Carlos V o cualquiera de los que actualmente están al frente de nuestras vidas; que como me recordaba un querido amigo leonés de nombre tan romano como Tito, se han multiplicado por mucho en las últimas décadas: gobierno central, autonomías históricas o no con sus gobiernos y sus cortes, provincias, comarcas, entes supramunicipales, pedanías, ayuntamientos, ayuntamientos de barrio entre otros…

Los mismos que nos casamos, criamos o no hijos, enfermamos, morimos, hacemos la guerra, celebramos fiestas (con mayor intensidad tras la pandemia), comerciamos, cultivamos la tierra, adulamos y demás… vivimos ahora mismo un presente que, siendo lo único que al parecer nos pertenece, resulta infinitamente más fugaz y fluido de lo que podía pensar Heráclito; por más que nos consolemos con el número creciente de clics laudatorios o no que recibimos en esa falsa existencia que nos han inventado y conocemos como red y que inmediatamente pierden cualquier valor al convertirse en pasado que nadie nos puede quitar porque ya no existe.

He de reconocerlo: no me ayuda demasiado en este momento Marco Antonio y su teoría de que solo tenemos el presente (contra cuya situación me abstengo por principios de murmurar). Mejor dejo de pensar un rato y vuelvo a las plumas y los pinceles…l

Fernando Alvira es vicepresidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis

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