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Sé que le aburre el lío catalán, pero...

Por
  • Fernando Jáuregui
OPINIÓNACTUALIZADA 20/09/2022 A LAS 10:52
Carles Puigdemont.
Carles Puigdemont.
S.E.

Sí, ya sé que todos los ojos están puestos en otros asuntos. Pero déjeme distraer su atención con algo que, dentro de las muchas cosas que van a pasar en el mundo, en Europa y en España este otoño, me parece de suma importancia aunque usted lo considere, con razón, aburrido. Hablo de la caótica situación de la política catalana, cuyos cascotes pueden, quién sabe, caer sobre nuestras cabezas, las del resto de los españoles.

Dado que la política catalana no la entienden ni los protagonistas de la misma, no extraña el desapego de la mayoría de la gente, catalanes y mucho más, lógico, en el resto de España, por el enorme lío de una gestión que puede, en no muchos días, desembocar en la ruptura de la coalición en el Govern y acabar produciendo vaya usted a saber qué consecuencias. No solo en el interior de Cataluña, sino que la posible ruptura entre Esquerra y Junts acabará afectando al resto de la nación. Comenzando por la Mesa negociadora entre Gobierno central y Govern, que intentarán celebrar de nuevo en los próximos días, pero que está condenada a la esterilidad ante la enemiga de una parte del Ejecutivo catalán, el representado por Junts.

Claro que la propia formación de Puigdemont aparece escindida entre los ‘posibilistas’ que quieren permanecer en el Govern, con todo lo que ello significa de pacto con el Gobierno español de Pedro Sánchez, y los más extremistas, que, con el propio Puigdemont y la ex presidenta del Parlament, Laura Borràs, a la cabeza, quieren acelerar el ‘procés’ ya este mismo otoño, volver a declarar unilateralmente la independencia y repetir las nefastas iniciativas que, hace ahora exactamente cinco años, acabaron con Puigdemont en el ‘exilio’, con los líderes del ‘procés’ encarcelados y, por fin, con la ruptura con Esquerra.

La situación, vista desde Madrid, donde se conoce muy poco la realidad catalana y se la comprende aún menos, señala que la ruptura entre ERC y JxCat no tiene por qué ser necesariamente buena para los intereses de una España unida. Puede que el fanatismo de los más extremistas acabe en nuevos desórdenes callejeros, que es algo por lo que el ‘hombre en Waterloo’ lleva luchando, incluso desde los tribunales europeos, desde hace ya media década. Pero puede también que una hipotética ruptura en la coalición del Govervn, que podría producirse ya en el debate de política general en el Parlament el día 27, fuerce a Pere Aragonès, persona moderada y realista, en definición de La Moncloa, a iniciar conversaciones de gobierno con el Partit Socialista. Que fue, al fin y al cabo, con Salvador Illa a la cabeza, el más votado en las pasadas elecciones. Eso nos retrotraería, aunque con la presidencia en manos de ERC, a los tiempos de la coalición tripartita de Maragall o de Montilla. Que, si no eran un modelo de estabilidad y de fervor constitucionalista, sí, al menos, permitía un diálogo dentro de las sensibilidades nacionalistas, entendiendo que el PSC también la tiene, a su manera. Veremos, pues, qué sector gana en Junts, si los que quieren que este Govern siga o los que abogan por volver a los viejos malos, inestables, tiempos de Puigdemont y Quim Torra en la presidencia de la Generalitat. Mientras, el Gobierno español ha decidido esperar y ver unos acontecimientos en los que poca influencia puede ejercer más allá de reforzar sus lazos con la Esquerra de Oriol Junqueras -muy moderado en sus apariciones públicas en Madrid esta semana: llegó a decirme que sus relaciones personales con Puigdemont son muy buenas-, Pere Aragonès y Gabriel Rufián, cada vez más “razonable” (Gobierno español dixit) en sus intervenciones parlamentarias.

¿Y el ‘constitucionalismo puro’? Pues manifestándose en Barcelona este domingo por el cumplimiento de la obligatoriedad de la norma que obliga a enseñar en castellano un 25 por ciento de las asignaturas y tratando, el PP, de adoptar una actitud suavemente ‘catalanista’ que espera que le dé buenos réditos en las urnas en las elecciones generales. Porque las municipales de mayo el PP sabe que las tiene perdidas, y no hablemos ya del declinante Ciudadanos y de Vox: los ‘populares’ solo cuentan, lo recordaba con regodeo Junqueras esta semana en los cenáculos madrileños, con un alcalde en Cataluña.

Puede que veamos estrategias nuevas, lideradas por Núñez Feijóo, en este sector, que, como se comprueba en no pocas manifestaciones en las calles, podría tener muchos más adeptos de lo que reflejan luego sus votos en las urnas. Atención, pues, a lo que vaya a ocurrir en Cataluña en los días finales de este mes. No será interesante, porque el caos nunca lo es, pero puede ser importante. Mucho.

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