Opinión

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La deflactación de Sánchez

Por
  • Antonio Casado
OPINIÓNACTUALIZADA 01/10/2022 A LAS 00:05
Pedro Sánchez durante su entrevista en la SER.
Pedro Sánchez.
E. PRESS

Bajarle los impuestos a los españoles en una estúpida carrera de sacos por ver quien va más lejos, pasearse por los medios amigos, cultivar su imagen internacional, descalificar a los dirigentes del PP por supuesta sumisión a los poderosos o hacerse el encontradizo con la gente de la calle y en su propia residencia oficial, no está sirviendo para revertir la caída del PSOE en los sondeos electorales.

No me refiero solo a la marca. Se aprecia un desgaste específico sobre la figura personal de un presidente del Gobierno incapaz de desmentir los lugares comunes que circulan a extramuros de la Moncloa. Que no es de fiar, que solo gobierna para el día siguiente y, sobre todo, que es rehén de quienes no están interesados en que a España le vaya bien.

La pérdida de credibilidad es de fácil verificación. Por decirlo con la palabra de moda, pongamos que la imagen de Pedro Sánchez está sufriendo un severo proceso de deflactación respecto a los dones que le cuelgan en los medios afines o lo que se predica a diario desde los servicios oficiales del Palacio de la Moncloa.

Ha estado a tiempo de evitarlo, pero ha persistido en el error. La crisis interna del PP, que acabó con la estrepitosa caída de Pablo Casado, brindó a Pedro Sánchez la oportunidad de rectificar el rumbo declinante de la marca PSOE y el de su figura personal (leo en alguna parte que “el encanto de Sánchez ha prescrito”).

Entonces pudo haber propiciado un giro hacia las capas sociales sedientas de centralidad, siempre decisivas en el juicio de las urnas. Así habría achicado el espacio a Núñez Feijóo, recién llegado a la política nacional. Pero no lo hizo y ahora sus posibilidades de repetir en la Moncloa se han reducido, según todas las encuestas.

Prefirió seguir radicalizado para conservar el favor de las amistades peligrosas que son el pan de hoy y el hambre de mañana. Amistades objetadas públicamente por Emiliano García Page, veterano dirigente socialista y presidente de Castilla-La Mancha. Y ahora se detectan significativas franjas del electorado socialista dispuestas a castigarlo en las urnas territoriales de mayo y las próximas generales.

Solo le faltaba el venidero ruido de pancartas que anuncian los sindicatos por cuenta de la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, el hambre de protagonismo social que acucia al socio de la coalición, Unidas Podemos, en vísperas de las elecciones de mayo, o las facturas que sus costaleros de la investidura ya preparan de cara a la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado de 2023.

No me extraña que los teólogos del PP susurren al oído de Feijóo la necesidad de limitarse a no meterse en líos y esperar que la deflactación de Pedro Sánchez haga el resto.  

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