Opinión

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Volver al 36

Por
  • Rafael Torres
OPINIÓNACTUALIZADA 12/10/2022 A LAS 00:05
Evento organizado por Vox este domingo.
Evento organizado por Vox este domingo.
Jesús Hellín/E. PRESS

Hay motivos, pese a todo, para el optimismo: el cantante Camilo reunió a muchas más personas que Vox en sus respectivas performances del pasado fin de semana en Madrid, el doble aproximadamente. Y no es que el tal Camilo sea un antídoto contra la extrema derecha y sus siniestros delirios, pero, cuando menos, es alguien que expresa y propone alegría de vivir, y no cuanto atenta contra ella mediante el odio, la amenaza, el cainismo y la intolerancia.

Camilo es un chico colombiano que hasta no hace mucho gastaba bigote de guías largas y enhiestas, aunque se ve que a medida que se ha ido haciendo mayor, las guías se le han ido morigerando un poco. Sin embargo, conserva intacta su energía simpática, que contagia a un montón de gente joven y no molesta ni ofende a nadie, al contrario que la mayoría de los cantantes de su quinta, capitidisminuídos a consecuencia de su adscripción a esa cosa horrísona y macarra que atiende al nombre de "reguetón", que sí ofenden, al menos, al buen gusto. Camilo tiene voz de gato resfriado como éstos, como todos los y las cantantes actuales de 30 años para abajo, pero la emplea mejor y para transmitir mejores cosas.

Ahora bien; hay algo peor que el "reguetón": lo que hacen Infovloguer y Los Meconios, las criaturas que amenizaron con sus cánticos majaderos e indecentes la concentración de Vox. Su estribillo más coreado: "Vamos a volver al 36". Claro que se les puede reprochar todo menos que no conecten con el ambiente del acto para el que fueron contratados. Por su canción, por llamar de alguna manera a ese regüeldo de aire pop, desfilan todos los monstruos creados por el sueño de la razón: los "rojos", las feministas, los gays, los progres... Esa razón dormida, o muerta, del neofascismo, concluye con que "vamos a volver al 36". Ellos, al parecer, no se movieron nunca de allí, de aquél año infausto.

En Madrid había dos citas bien disímiles el pasado fin de semana: una, la de Camilo en la Puerta de Alcalá, congregó a unas 40.000 personas que, cantando y bailando, conjuraban los miedos del presente; la otra, la de Vox, reunió a unas 20.000 que, escuchando a Infoglover, a Los Meconios, a Trump, a Urban, a Meloni y compañía, participaban en la construcción del miedo que da el presente, y no digamos el futuro, a los sones de semejantes estribillos. 

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