Opinión

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Moncloa contra los malos

Por
  • Antonio Casado
OPINIÓNACTUALIZADA 07/11/2022 A LAS 00:10
El economista jefe del Banco Central Europeo (BCE), el irlandés Philip Lane..
El economista jefe del Banco Central Europeo (BCE), el irlandés Philip Lane..
S.E.

El toque del Banco Central Europeo al Gobierno español por cuenta del impuesto temporal a la banca pone en evidencia a los teólogos de Moncloa, convencidos de que los banqueros, así como las grandes compañías energéticas, se han declarado en rebeldía frente a los filantrópicos avances del equipo que lidera Pedro Sánchez.

A partir de ahí se entiende el desplante de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando dice que mejor esperar a ver qué pasa con la implantación del impuesto antes de proceder a su revisión reclamada por los jerarcas del BCE.

Es una manera de hacer oídos sordos a las advertencias de que esa medida frenará la concesión de créditos, que es el oxígeno de los emprendedores. Eso, por un lado. Por otro, resulta que los expertos dan por hecho que, de uno u otro modo, el gravamen acabará repercutiendo en los clientes, sin que altere para nada la cuenta de resultados de las grandes entidades bancarias. Así que el Gobierno estaría a punto de hacer un pan de obleas.

No es muy tranquilizante que a tus gobernantes los acusen de pensar después de actuar, en vez de hacerlo al revés. Porque esa es la clave de las objeciones del supervisor europeo. Y en ese punto, llueve sobre mojado, pues no es la primera vez que el Ejecutivo toma una iniciativa con escasa o nula reflexión previa.

Más que una enmienda a la totalidad pura y dura del impuesto a la banca, estamos ante una petición de explicaciones sobre los fundamentos del mismo, una demanda de datos fiables sobre los razonamientos utilizados para llegar a la conclusión de que el impuesto a la banca no va a generar males mayores.

Además de la curiosidad del BCE por conocer el proceso técnico que ha dado lugar a esta especie de castigo a la banca, se reclama del Gobierno del Reino de España, en clave de futuro, un informe sobre las actuaciones previstas para gestionar sus previsibles efectos.

Hasta aquí, los aspectos técnicos de la decisión. No entra el BCE en los de carácter político. Pero el comentarista si lo hace. Sin inventarse nada. Le basta recordar la ligereza con la que se atribuye el famoso “rescate a la banca” de hace diez años (¿a la banca o a los depositantes?). O, sin ir más lejos, a las recientes intervenciones parlamentarias del presidente Sánchez, en las que pone a los banqueros y a los grandes empresarios en el bando de los malos.

Como seres perversos caracterizados a la antigua, con su puro habano y su chistera, mientras conspiran en la sombra contra las políticas de progreso y cuentan las horas que faltan para el venidero derechazo que, punto arriba o punto abajo, están cantando las encuestas electorales.

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