Opinión

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El gasto público, estúpidos

Por
  • Carmen Tomás
OPINIÓNACTUALIZADA 21/11/2022 A LAS 00:05
Pablo Hernández de Cos
Pablo Hernández de Cos
E.Press

Esta última semana hemos conocido un dato que debería hacer saltar todas las alarmas. La deuda pública ha superado otro récord, los 1,5 billones de euros. A cualquier gobierno le debería poner en guardia, replantearse lo que está haciendo y buscar soluciones. No es nuestro caso. Sánchez y su vicepresidenta económica ni se han inmutado. Sí lo ha hecho, y no es la primera vez, el gobernador del Banco de España. Hernández de Cos no sólo se ha mostrado extremadamente preocupado, sino que ha lanzado un claro mensaje, si seguimos así podemos acabar como el Reino Unido. Lo que significa realmente pasarlo mal. Por supuesto el Gobierno de España no ha hecho ni la más mínima mención a estas declaraciones. No ha mostrado ninguna intención de limpiar el presupuesto de gasto innecesario, sino que sigue gastando y haciendo concesiones económicas a sus socios con el único fin de alargar su estancia en La Moncloa. Este año, además, la recaudación subirá en al menos 30.000 millones sobre lo previsto y no sabemos con exactitud en qué piensa gastarlo o en qué lo está gastando ya. Es fácil suponer que, a meses de unas elecciones municipales y autonómicas, lo destinará a prebendas para que su votante no migre, a subir sueldos públicos y pensiones, a subvenciones, cheques y demás.

La cuestión es que mientras sigue gastando y recaudando, este Gobierno ha subido 54 veces los impuestos y ya somos uno de los países con más carga tributaria incluyendo las cotizaciones sociales. Incluso la clase media-baja ya está destinando prácticamente la mitad de su sueldo a pagar a Hacienda y a la Seguridad Social. Es obvio, por tanto, que Hernández de Cos clama en el desierto, que sus consejos, los de decenas de economistas y los informes que aseguran que es posible recortar miles de millones de gasto público sin dañar servicios esenciales no van a ser tenidos en cuenta. Sin embargo, es uno de los más graves problemas de la economía española. La deuda acumulada, el déficit público y el coste que conlleva son un freno para una economía sana y equilibrada y aunque cuenta con la indiferente mirada hasta de Bruselas, algún gobierno algún día debería tomárselo muy en serio. Es un agujero negro que se une al paro, la baja productividad, la inflación y el bajo crecimiento.

La tarea no es fácil, pero es necesaria, vital si queremos dejar de ser el país que peor sale en las estadísticas. Por mencionar tan sólo una, España es el único de la Unión Europea que aún no ha recuperado el PIB anterior a la pandemia.

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