Opinión

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¡Por fin, Conde Pumpido!

Por
  • Luis del Val
OPINIÓNACTUALIZADA 13/01/2023 A LAS 00:05
Cándido Conde Pumpido en el Senado durante su etapa como fiscal general del Estado.
Cándido Conde Pumpido en el Senado durante su etapa como fiscal general del Estado.
E.Press

No lo quería casi nadie como presidente del Tribunal Constitucional, excepto Pedro Sánchez. Pero, a pesar de esa oposición entre algunos jueces autodenominados progresistas, y la totalidad de los llamados conservadores, por fin ha obtenido la anhelada Presidencia. Enhorabuena.

Centrarse exclusivamente en su parcialidad política, evidente en algunos casos -sobre todo cuando fue Fiscal General del Estado, nombrado por Zapatero- sería cometer, también, otra parcialidad. Sus méritos profesionales son muchos, como lo son, asimismo, sus méritos para dudar de su futura objetividad.

Hay que reconocer que se escapa del tópico del gallego, porque ha llevado a cabo decisiones muy alejadas de la tibieza galaica, y que no ha dudado en asistir, por ejemplo, a un Consejo de Ministros, en un acto tan insólito y novedoso que, con su presencia, mandó a hacer puñetas a Montesquieu y la tradicional separación del poder ejecutivo y del judicial.

En otra ocasión de actividad ardorosa, criticó de manera tan furibunda e insultante al Tribunal Constitucional -que ahora se encargará de presidir- que tuvo que pedir disculpas por su desmesurado tono.

Junto con Juan Alberto Belloch y otros valientes, permaneció en el País Vasco en el decenio de los ochenta, donde fiscales y jueces sólo se separaban de sus escoltas para determinadas actividades fisiológicas. Claro que, en la misma línea, se encuentra Grande Marlaska, y ya hemos comprobado cómo una actividad profesional impecable se encargó el propio juez de ensuciarla, desde su cargo de ministro de Interior.

Hay que reconocerle que las críticas no le hacen mella, e incluso ha sido criticado por su propio gremio, la Asociación de Fiscales, pero -insisto- eso no debe empañar sus conocimientos y su brillante biografía profesional, con las sombras de su politización.

De momento, hay que agradecerle que en el primer acto que ha llevado a cabo -el nombramiento de su vicepresidente- no haya hecho ningún esfuerzo para disimular y, de la misma manera que siendo fiscal general, asistió a un Consejo de Ministros, ha nombrado  vicepresidente a una miembro de la misma tendencia política que él, rompiendo la cortés tradición en la que los presidentes conservadores elegían una vicepresidencia “progresista”, y los progresistas una vicepresidencia conservadora. Ya veremos.

De momento, le persigue esa anécdota de cuando dijo que el vuelo de las togas no puede eludir el polvo del camino. Esperemos que sólo sea el polvo, porque hay ocasiones en las que el camino está lleno de mierda.  

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