Opinión
Por
  • Julia Navarro

Un silencio vergonzoso

La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, comparece ante la Comisión de Derechos Sociales y Políticas Integrales de la Discapacidad, este miércoles.
La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra.
E.P.

ALGÚN día las feministas oficiales del Gobierno, o sea las ministras y otros cargos políticos, tendrán que responder a la pregunta de sus silencios vergonzosos ante la situación de las mujeres en Irán.

Hace unos días fueron condenadas a 13 y 12 años de prisión, respectivamente, dos periodistas, Nilufar Hamedi y Elahe Mohammandi. Su delito: haber informado de la detención, torturas y asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la policía por no ir cubierta debidamente con el hiyab, el pañuelo islámico.

Y ahora, otra joven, Armota Geravand, casi una niña con tan solo dieciséis años, se encuentra en “muerte cerebral” después de la brutal paliza que le propinó la policía por el mismo motivo: no llevar la cabeza cubierta con el hiyab.

En realidad las feministas gubernamentales no son feministas y lo demuestran con el silencio vergonzoso ante casos como estos.

Y respecto a su defensa de los derechos humanos un tanto de lo mismo o peor aún: depende de quién sea la víctima.

No, no veremos a Ione Belarra, ni a otras dirigentes de Podemos-Sumar al frente de ninguna manifestación denunciando al régimen de Irán.

Parece que para ellas el asesinato de mujeres por la policía de la Moral de Irán es un asunto menor.

Tampoco otros colectivos feministas han organizado ninguna manifestación ni impulsado ningún manifiesto para denunciar lo que les sucede a las mujeres iraníes que, o no llevan el velo o no se lo colocan correctamente según la Policía de la Moral.

Y lo mismo las otras ministras del Gobierno que hacen que el asunto no vaya con ellas.

He escrito en otras ocasiones que en este Gobierno el feminismo brilla por su ausencia, y si no que alguien explique cómo es posible esta indiferencia militante respecto al destino que corren las iraníes que se niegan a seguir los dictados de la Policía de la Moral, jugándose la vida como auténticas heroínas.

Si las actuales dirigentes del PSOE y de Sumar son la medida de la defensa de los derechos de las mujeres, pongámonos a temblar.