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VOLUNTARIADO

Enrique Ripoll: "Los niños de Chad sufren de cataratas, lo impensable aquí"

El óptico oscense acaba de regresar de la República de Chad tras llevar a cabo una intensa misión contra la ceguera evitable con Ilumináfrica

Enrique Ripoll: "Los niños de Chad sufren de cataratas, lo impensable aquí"
Enrique Ripoll: "Los niños de Chad sufren de cataratas, lo impensable aquí"
S.E.

HUESCA.- El óptico optometrista oscense Enrique Ripoll ha visitado por décima vez ya la República de Chad para llenar de luz la mirada de los que menos tienen. Este cooperante ha viajado hasta el continente africano con la Fundación Ilumináfrica, con la que ha desarrollado del 1 al 17 de diciembre la 45 expedición a Dono-Manga contra la ceguera evitable.

Enrique Ripoll ha realizado su voluntariado en el Hospital Saint Michel de esta población cuyo nombre significa "tierra seca" como parte de un equipo compuesto por los oftalmólogos Daniela Díaz y Ángel Domínguez, el doctor de medicina general Manuel Millanla y la enfermera Ana M. García.

Durante su estancia, la expedición ha realizado 110 operaciones, 130 revisiones optométricas y se han dispensado unas 120 gafas de sol, otras 40 de prescripción y se ha formado a una persona del centro en optometría "para intentar que haya una oportunidad de asistencia en este sentido", apunta.

El 80 % de las atenciones se han centrado en la extirpación de cataratas muy avanzadas, que llegan a la ceguera absoluta, en niños de entre 4 y 10 años, "algo que aquí es impensable".

"Las sufren por traumatismo o son congénitas, es algo relativamente frecuente en Dono-Manga", comenta Ripoll, que recuerda el caso de un niño que al quedarse ciego su familia lo abandonó por creer que estaba embrujado como ejemplo "de la dureza de aquella tierra y aquella gente" que vive en la miseria.

Además, se han realizado operaciones de triquiasis, una dolencia extinguida en Europa, una anomalía común del párpado en la cual la dirección de las pestañas está mal dirigida y hace que éstas crezcan hacia el interior del ojo.

"El propio roce de la pestaña puede dañar la córnea y producir ceguera", explica el oscense, que añade que el equipo también ha operado algún pequeño tumor vital. Cada vez que pisa Dono-Manga a Ripoll le envuelven grandes sensaciones. "Somos la única expedición de europeos que llega allí en todo el año y siempre nos reciben con alegría suprema y extrema. Somos como Papá Noel o los Reyes Magos allí, y nos piden cosas de todo tipo porque esa gente no tiene nada de nada", comenta.

No hay duda de que en Dono-Manga hay algo que ha hecho que Ripoll haya regresado en los últimos diez años a esta tierra para ayudar a sus habitantes.

"A quien le pica el virus del voluntariado vuelve reiteradamente a estos destinos porque tienes vivencias que aquí son imposibles de sentir, situaciones maravillosas que te enseñan mucho y para mí es un privilegio poder formar parte de Ilumináfrica y estar allí, a pesar de las dificultades físicas", valora.

De allí se lleva además mucho cariño que recibe en parte de las familias que se benefician de la asociación Kenkar ("Luz a tus ojos" en lengua gambai), una entidad que paga los estudios a las niñas para que los padres no las casen. "Es un gancho de esperanza y es muy bonito poder hacer algo así", asegura.

Esta última aventura tuvo algunas incidencias. Nada más llegar el equipo tuvo que recuperar un microscopio de intervención quirúrgica nuevo que se había extraviado, "pero aquello es otro mundo y perdimos el primer día en el papeleo, que se retrasó tanto que nos cerraron la aduana. El segundo día, después de cinco horas de espera nos dieron el microscopio, que tiene unas condiciones similares a las que tenemos en España".

Así, a nivel de equipamiento de oftalmología del Hospital Saint Michel, Ripoll destaca que posiblemente es el mejor del país. A pesar de ese día y medio de retraso el equipo ha logrado unos buenos resultados. "Nuestra jornada laboral terminaba a las diez y media de la noche y en general hemos vuelto muy satisfechos", valora.

Para llegar a su destino el grupo pasó 16 horas en coche todoterreno. "La carretera principal cada vez está peor y la circulación es más lenta. Desde que salimos de España hasta que llegamos a nuestro destino pasan cuatro días, pero es lo que hay y todo se hace con ilusión y alegría".

En sus 10 años de viajes a Chad Ripoll ha visto escasos cambios entre sus habitantes, que viven muy apegados a las tradiciones y las creencias, lo que dificulta el progreso.

"Una de las peores pobrezas de un país es la mental y otra es la corrupción, dos factores que se dan en grado superlativo en esta zona por lo que resulta muy difícil su desarrollo", comenta.

Además, Chad tiene una situación geoestratégica complicada y está rodeado por países inmersos en una guerra civil, como Libia, Centro África, Sudán y Sudán del Sur.

"Son conflictos impensables en el siglo XXI pero están allí y producen muertos continuamente, por lo que Chad es un oasis de paz pendente de un hilo que en cualquier momento puede romperse. Es difícil de asumir desde el punto de vista europeo pero cuando estás allí comprendes cosas", asegura.

La próxima expedición de la Fundación Ilumináfrica tendrá lugar a mediados de enero, cuando otro grupo de profesionales liderado por Enrique Mínguez, uno de los fundadores de esta entidad solidaria, visitará de nuevo Dono-Manga en una segunda misión, algo excepcional.

Además, a principios de febrero, el doctor zaragozano Jesús Castillo viajará hasta la población de Bedja, situada a unas tres horas de distancia de Dono-Manga.

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