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ECOS- ¿QUIÉN SOY?

Germán Navales, un niño travieso y “artista”

El montisonense, amante de la cultura, admite que "su vocación frustrada es actuar"

Germán Navales, un niño travieso y “artista”
Germán Navales, un niño travieso y “artista”
S.E.

MONZÓN Germán Navales Gallart (Monzón, 1951) tuvo "una infancia traviesa" y, siendo adolescente, inició su relación con el teatro y la música, en Salesianos, donde participaba en fiestas como la de la foto que acompaña este texto (1964), en la que está cantando -explica- "El pecador".

"Tenía una voz muy fina y hacía los solos en las misas -"Vayamos jubilosos al altar..."- y hacíamos bolos de 20 minutos, teatro y, con "el Batusi", profesor de Música, cantaba canciones de la época como "Chao chao" y "La chica yeyé".

"Era impresionante, según decía mi amigo Iñaki Fernández, guitarra de Labordeta, y a mi madre se le caía la baba".

A los 14 años, fue interno a un colegio privado de Lérida, y continuó su relación con la música. "En misa diaria de los internos, a la que llegaba tarde, cantaba el introito".

Allí estuvo hasta acabar el Preu y su siguiente destino fue Barcelona, donde vivió 25 años. Hizo estudios de Ciencias Políticas y Económicas, estuvo cinco años en la Tuna y dos "en un grupo de teatro universitario, con Sergi Schaaff -director de Saber y Ganar-, que dirigía al grupo de chicas del Colegio Mayor Montserrat y a gente que vivíamos en un piso en Barcelona, entre ellos José Manuel Porquet, Carlos Alué y yo".

Trabajó cinco años en Club Máster 7, una asesoría de empresas "en la que estaba de encargado de política exterior". Estaba integrada en un grupo de empresas en el que figuraba Seix Barral, y "coincidí muchas veces con Carlos Barral, en sus tertulias de los viernes, que más bien eran monólogos, en las que nos hablaba de poesía, de sus paseos en barca...".

Con la crisis de los 70, al paro y, cosas de la vida, acabó de técnico de empleo en el Inem de Barcelona, "donde me hago sindicalista, siendo el presidente del Comité intercentros de España, por CCOO, pero por libre, y fui presidente del comité de empresa de Barcelona. Seis meses, en el puente aéreo Barcelona-Madrid. Me llamaban el papa, porque bajaba del avión y besaba el suelo, no me gusta vola...".

En 1990 fue trasladado a Huesca, y en 2016 se jubiló, "pero antes ya estaba en el grupo de teatro Candil, de los talleres municipales, y allí sigo. Y soy miembro de Aveletra, y hacemos vermús literarios en el Casino y en nuestra sede, talleres de prosa y poesía".

Cambia el gesto al hablar de su adolescencia: "Todo el día en la calle. Hacíamos bandetas, nos tirábamos piedras con los de la calle Arriba. Yo iba a jugar con los del Barón de Eroles, con Carlos Allué... Íbamos a coger litones, a jugar a churro…".

Y hoy, un hombre que a sus 67 años sigue sintiendo que su "vocación frustrada es actuar". Artista de alma.

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