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Feliciano Llanas Vázquez: “No me gusta el localismo; sí ser universal sin renunciar a las raíces”

El presidente de la Asociación Cultural Conde de Aranda, con sede en Madrid, y exdirector de La Morisma de Aínsa, subraya el valor de la historia y la cultura aragonesas

Feliciano Llanas Vázquez: “No me gusta el localismo; sí ser universal sin renunciar a las raíces”
Feliciano Llanas Vázquez: “No me gusta el localismo; sí ser universal sin renunciar a las raíces”
S.E.

Cuenta Feliciano Llanas Vázquez que aprendió a amar Huesca recorriéndola con su padre, José Antonio Llanas Almudévar, y escuchaba relatos de cuantos eruditos, en las artes y en el arte de vivir, pasaban por la rebotica de La Correría. Trata hogaño de aplicar el aprendizaje de antaño para difundir la cultura aragonesa en Madrid, al frente de la Asociación Cultural Conde de Aranda, cuya personalidad parece compendiar el equilibrio entre lo local y lo universal que reconoce Feliciano Llanas como guía vital.

"Mi padre me enseñó a querer Huesca, no de una forma lectiva, sino sencillamente llevándome a su lado, moviéndome por la ciudad", cuenta. Fue una querencia aquilatada por "muchas horas de tertulia en la farmacia". "La rebotica era una escuela, pasaba mucha gente y amigos de mi padre", entre los que cita de forma expresa a los hermanos Antonio y Pepín Bello. "He tenido la suerte de poder conocer a grandes narradores de lo cotidiano y ha sido lo que ha marcado mi vida", subraya.

Articulista, fotógrafo, dibujante y conferenciante, desempeñó su labor profesional en Ibercaja con varios destinos en la provincia, antes de pasar a Madrid. De su periplo altoaragonés, recuerda especialmente su estancia en los años 90 en Aínsa, donde participó de manera directa en la potenciación de La Morisma, uno de los más apreciables bienes del acervo cultural aragonés.

Dirigió precisamente la Fundación Pública la Morisma, en una tarea en la que destaca un logro: "Pasar de algo un poco local, en lo que casi no creían ni ellos mismos, a reconocer que es algo muy importante que hay que darle una dignidad y una promoción". "Supuso dar un paso adelante", comenta para reconocer que "ahora lo están haciendo muy bien y siguen dando pasos". "Lo bonito es la acumulación del trabajo de mucha gente", precisa. Afirma que también se siente particularmente contento del trabajo en la propia representación: "Hicimos una buena adaptación, pusimos el papel de la muerte, con texto de Julio Alejandro, y fue una aportación realmente interesante".

Reconoce que la preservación y la difusión de lo propio sigue en el debe de los aragoneses. "Tenemos tanta historia que no le damos ningún valor ni el mayor contenido", afirma. "Puede parecer recurrente pero es así", prosigue, lamentando una postración sangrante frente a nacionalismos que se construyen a base de "mitos y falsedades terroríficas". Imagina Llanas Vázquez las posibilidades de La Morisma en otras comunidades, "con todas las autoridades abrazadas a La Morisma", dice con somarda.

En los últimos años se ha distinguido por su trabajo al frente de la Asociación Cultural Conde de Aranda. Una primera experiencia al presentar por encargo de la Diputación Provincial el libro "La mala vida en Madrid", de su tío José María Llanas Aguilaniedo, le sirvió para avizorar posibilidades. "Dije: hay que hacer algo aquí y aprovechando el apoyo del Gobierno de Aragón, de Ibercaja, se planteó la asociación aragonesa en Madrid". Con el objetivo de hacer presente Aragón en la capital a través de la cultura, el nombre no podía ser otro que el del Conde Aranda. Define a Pedro Pablo Abarca de Bolea como "un hombre que no perdió nunca su espíritu aragonés ni su cariño a Aragón y que sin embargo fue un hombre universal, importantísimo en su momento y uno de los hombres más importante de la historia de España".

En esta línea, comenta, el interés y el amor a lo propio debe estar despojado de tentaciones nacionalistas: "No me gusta en absoluto el localismo, ni el provincianismo ni el paletismo, pero sí ser universales sin renunciar a nuestras raíces".

"El que vive en el pasado se equivoca; yo vivo en el pasado desde un punto de vista sentimental y cariñoso, pero con los pies en el futuro", afirma. "No renuncio a ese Huesca que ya es un Huesca mítico, fantasioso, de la infancia o juventud, que reflejo en mis escritos y mis fotografías, en los dibujos, que no tiene que ver con la de hoy", prosigue. "Pero no soy de los que están en que el pasado fue mejor, en absoluto, porque el cerebro, que es muy listo, cuando piensas en el pasado, lo malo te lo borra, solo te deja lo bonito".

Cree que a Huesca "le falta un empujón", aunque advierte de que al no estar en el día a día prefiere abstenerse de juicios de valor que pudieran no ser justos. Eso sí, apunta dos consideraciones. Una, que su padre tenía razón al ver con desconfianza las autonomías: "Pensaba que Zaragoza se comería Huesca y la dejaría en nada y eso desgraciadamente se ha dado". Otra, que la vieja ciudad ha adquirido un cierto aire de parque temático, un problema que no obstante considera general en las ciudades. Califica de "error garrafal" un casco antiguo vaciado de actividad y población y con dificultades de acceso en vehículo.

No falta una mención a la Sociedad Deportiva Huesca, cuya Fundación Alcoraz colabora con la asociación, y a la importancia para la promoción de la ciudad de su temporada en Primera División.

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