Sociedad

FUNDACIÓN ILUMINÁFRICA

Unos 320 chadianos consiguen ver "la luz" gracias a Ilumináfrica

El optometrista oscense Enrique Ripoll atiende a decenas de personas en el Hospital de Saint Michel de Dono Manga

Unos 320 chadianos consiguen ver "la luz" gracias a Ilumináfrica
Unos 320 chadianos consiguen ver "la luz" gracias a Ilumináfrica
S.E.

HUESCA.- Unas 320 personas de la República de Chad han vuelto a ver "la luz" gracias a la Fundación Ilumináfrica, que ha contado por decimocuarta vez con la ayuda del óptico Enrique Ripoll y varios profesionales.

El oscense viajó del 22 de noviembre al 7 de diciembre al país subdesarrollado junto a los oftalmólogos Ángel Domínguez y Rosa Arroyo, Ana García (enfermera) y Manuel Millán (médico), con los que ha realizado cerca de 70 operaciones relacionadas con la salud visual.

"Las asistencias optométricas y oftalmológicas han llegado a 320 personas, de las cuales 150 se llevaron una gafa graduada o de sol", comenta el optometrista, que ha trabajado en el Hospital Saint Michel de Dono Manga.

Si la situación de la zona en la que atienden a los pacientes ya es negativa en general, este año se ha agravado todavía más "debido al mal estado de las pistas de acceso al hospital", que incluso generaron "que acudieran menos usuarios de lo normal".

"Es un sitio terrible, que definimos como el tercer mundo dentro del tercer mundo. Desde que salimos de la capital -Yamena- hasta que llegamos a Dono Manga son 14 horas de todoterreno, muchas veces campo a través y con una media de 30 kilómetros por hora", relata.

Pese a la gran atención de Ilumináfrica, Enrique Ripoll lamenta que desde que comenzó a viajar al país "las carencias son prácticamente las mismas" que al principio.

"Desgraciadamente, no notamos ningún cambio importante y eso nos llena de tristeza. Hay que aceptar que hay muchos desequilibrios y en estos lugares cuesta mucho mejorar", asevera.

En esta línea, el optometrista de Natural Optics Guara comenta que hace diez años "había un oftalmólogo" en todo el país, cuya extensión es el doble que la de España.

"Ahora puede que haya alguno más, pero estamos hablando de que hay un oculista por cada millón de habitantes. Además, las técnicas que utilizan son muy primarias", comenta.

Son estos mismos profesionales los que reconocen que la labor de Ilumináfrica es crucial, porque realizan operaciones "muy aproximadas a las del primer mundo", constata Ripoll.

"Ponemos lentes intraoculares, que intentan dejar al paciente sin gafa correctora y se hace todo en la medida de lo posible. Nuestras operaciones son muy dignas", reitera.

Lo más bonito de estos viajes son las reacciones de los pacientes. "Hay momentos muy emotivos, como por ejemplo cuando viene alguien con cataratas blancas, que son las que se han extendido tanto que han dejado ciego al paciente", cuenta.

"Recuerdo a una señora que casi se pone a llorar cuando volvió a ver a su hijo, así como otras veces que hemos atendido a niños y han recuperado la sonrisa. Por cosas como esta vale la pena todo el esfuerzo que supone llegar hasta allí", valora.

Ripoll asegura sentirse "un privilegiado" en todos los sentidos. "Todos los que vivimos en el primer mundo pensamos que lo que tenemos es lo normal y desgraciadamente es lo anormal, porque la mayoría vive peor que nosotros", lamenta.

Tras catorce viajes a África y once estancias en el Hospital Saint Michel, el optometrista oscense asegura haberse vuelto "mejor persona" gracias a estas experiencias.

"Estar allí me ha recordado valores que hace unos años eran normales en España y ahora se están perdiendo, como el saber cuidar a los mayores, darle tanta importancia a la familia y dominar el tiempo. Cuando voy allí recibo mucho más de lo que doy", concluye.

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