Sociedad

ENTREVISTA

Esther Naval: "Es un trabajo de álbum familiar y memoria a través del paisaje"

Esta fotógrafa está pasando el confinamiento en Güel inmersa en un proyecto que a través de la figura de su padre busca hablar del legado

Esther Naval: "Es un trabajo de álbum familiar y memoria a través del paisaje"
Esther Naval: "Es un trabajo de álbum familiar y memoria a través del paisaje"
T.M.

HUESCA.- A Esther Naval, fotógrafa residente en Graus, el confinamiento le ha pillado con varios lugares propios a los que regresar, lugares de los físicos y también de los simbólicos. Estos días los está pasando en Güel, junto a su madre, su padre y su hermano y la familia de este.

Con todo marchando más despacio que lo habitual, Naval se ha encontrado que tiene tiempo para "volver a caminar por caminos de la infancia", trayectos necesarios para armar un discurso artístico sobre el legado del territorio alrededor del testimonio de su padre. Ese fue el propósito que argumentó para optar a la beca artística que el festival Bfoto de Barbastro le otorgó la pasada edición.

"Mi padre es pastor, se ha dedicado toda la vida al pastoreo, con rebaño propio". Joaquín Naval Ballarín, su padre, sigue viviendo en la casa donde nació. su hogar, como lo es también el territorio, aquel "que ha ido cambiando a lo largo de los años con él" y que "en cierta manera es el legado que nos va a dejar, de caminos explorados, de emoción, de territorio conocido", explica su hija, Un viaje mediante su cámara fotográfica a ese tiempo antes de que me fuera a estudiar a otras ciudades, a vivir en otras culturas", que en ningún caso tiene un propósito documental sobre la vida de un padre o un pastor, sino que se ubica en ese espacio reservado para la memoria, "un trabajo más de álbum familiar y memoria colectiva a través del paisaje, tanto el actual que me lleva a mi paisaje de infancia como al territorio de mi padre. Un trabajo muy íntimo y muy emocional, que va más allá de la técnica", explica.

La cuarentena ha favorecido la reunión familiar y la configuración de algunas imágenes del pasado, "porque estamos aquí como cuando era adolescente casi antes de irme. También está mi sobrino aquí, que tiene tres años, y que está viendo lo mismo que yo descubrí".

Con todo eso Naval se ha zambullido en un proceso catártico de creación, de cura de los arañazos que deja siempre el encuentro con el origen de una, con el territorio, con el núcleo de pertenencia primario. "Para mí es terapéutico total, cuando regresé -llevo siete años viviendo en Graus como fotógrafa-, la vuelta significó muchas cosas, más de 15 años fuera y para mí fue un retorno a un lugar de origen heavy y una manera de conocer, de comprender desde otro lugar una dimensión mucho más humana".

Cocinadas a fuego lento sus fotografías se registran como un diario personal -"ese día a día lo habíamos perdido"-, que está tomando forma, pero que ya le deja buen gusto, "está bien, está potente", afirma. Las fechas del próximo BFoto, aunque no se sepa qué va a pasar con él, le ayudan a ponerse plazos, "pues es un trabajo tan íntimo y personal que si no es muy complicado".

Mientras, Joaquín sigue sin entender por qué su hija se ha empeñado en hacer tantas fotografías, "creo que no se imagina lo profundo".

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