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SOLIDARIDAD

Aldeas Infantiles protege en Aragón a casi 650 menores

Ha tomado medidas urgentes para asegurar el bienestar físico y emocional de los niños

Aldeas Infantiles protege en Aragón a casi 650 menores
Aldeas Infantiles protege en Aragón a casi 650 menores
S.E.

HUESCA.- Ante la crisis sanitaria provocada por el virus covid-19, Aldeas Infantiles SOS se está volcando para garantizar el bienestar físico y emocional de los 643 niños, niñas y jóvenes a los que acompaña en Aragón. "Somos una organización de atención directa a niños, jóvenes y familias y, ahora más que nunca, nuestra prioridad es asegurar su protección para que no sufran las consecuencias de esta crisis más que el resto de la población, y a ello estamos dedicando todos nuestros esfuerzos", asegura su presidente, Pedro Puig.

Aldeas Infantiles SOS ha puesto en marcha medidas urgentes para hacer frente a la crisis sanitaria, ha diseñado planes de acción inmediata y tiene preparados los protocolos de contingencia necesarios para afrontar cualquier eventualidad, siguiendo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, y las disposiciones concretas de Aragón.

En estos momentos, su objetivo principal se centra en asegurar la protección y el bienestar de los casi 100 niños y niñas que crecen en sus programas de protección, tanto en acogimiento familiar como en su Aldea de Villamayor de Gállego. Son niños que han perdido el cuidado de sus padres y cuya guarda y custodia ostenta la organización y los propios acogedores.

ACCIONES

En el marco de estos programas, estas son algunas de las acciones puestas en marcha por Aldeas Infantiles SOS: elaboración de planes de contingencia, en los que se incluyen talleres para que los niños y jóvenes entiendan la situación especial que estamos viviendo; definición de protocolos específicos de actuación ante un posible contagio y reserva de una de las casas de la Aldea para atender posibles cuarentenas.

Para minimizar los riesgos de contagio, los educadores alargan sus jornadas de trabajo para que haya menos contactos entre personas. Además, se ha reforzado la comunicación interna entre programas y entre niños y educadores para paliar los efectos del aislamiento, y se prioriza el cuidado de la salud mental de los niños y jóvenes. El aislamiento puede producir cuadros de stress y fuertes contrastes emocionales.

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