Sociedad

OBITUARIO

El aplauso emotivo al servicio a la humanidad de Manuel Sarasa

Ayerbe y Zaragoza despiden al gran investigador oscense, al que "debemos un mundo más cercano y benevolente"

El aplauso emotivo al servicio a la humanidad de Manuel Sarasa
El aplauso emotivo al servicio a la humanidad de Manuel Sarasa

AYERBE.- Dos entrañables y rotundas ovaciones han expresado el agradecimiento de Ayerbe, de Aragón y de la humanidad a la figura de Manuel Sarasa en el día de su despedida en la Iglesia de San Pedro, después de haber entregado en la vida terrenal todo su amor, su conocimiento y su esfuerzo para contribuir a la integridad de las personas desde la investigación enfocada a preservar el recuerdo, uno de los más grandes patrimonios que labramos a lo largo y ancho de nuestra existencia.

El templo ayerbense ha estado rodeado de una importante expectación desde prácticamente una hora antes del sepelio, una concurrencia que deseaba rendir un último tributo al científico abnegado, tranquilo y sacrificado, al altoaragonés pasional, al amante de su familia y amigo de sus muchos amigos, al trabajador infatigable y al ser generoso que jamás escatimó en su viaje vital en moto o en coche, porque la velocidad era el contrapunto de su gran serenidad y su invencible paciencia.

Con la irrupción del coche fúnebre, se han contemplado escenas de dolor, de tristeza y de acompañamiento a Irene San José, su otro yo durante décadas, sus hijos, sus nietos, familiares y amigos. La bandera de Ayerbe cubría el féretro que, justo antes de ser entrado en el templo parroquial, recibió un largo y emocionado aplauso. Las condiciones sanitarias actuales reservaron el aforo a sesenta personas, y el resto quedó en las puertas para prorrumpir nuevamente en palmas a la salida.

Ya en el interior de la Iglesia de San Pedro, se inició la homilía celebrada por el párroco, Lorenzo Naya, que simbolizó en el aplauso cerrado la admiración que el pueblo de Ayerbe y los aragoneses sentimos "por Mamel", la justa correspondencia a la "gran pasión" que el investigador sentía por su villa, y que "se desgranaba" con escapadas permanentes desde la Zaragoza donde oficiaba en el laboratorio con el objetivo de compartir vivencias con sus paisanos, con sus familiares y con los amigos más allegados, con la humildad que otorga la sabiduría.

Para comprender la personalidad de Manuel Sarasa, acudió Lorenzo Naya al "ejercicio de su profesión", que demanda una gran carga "vocacional" y un foco: "Lo que ha hecho Mamel es un gran tributo y un gran servicio a la humanidad".

Profundizó el sacerdote en los valores que cultivó el doctor y que son la propia esencia de la investigación. Confluyen "un gran sacrificio, estudio, trabajo, investigación, logros, fracasos, éxitos..." Incluso, esos momentos de "atasco" en los que es preciso tirar adelante con la voluntad para demostrar que nunca se trabaja en vano.

Si en el arranque del sermón Lorenzo Naya aludía a la cita sagrada de que no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos, en la parte final concluía que a "Mamel Sarasa" debemos "un mundo más cercano y benevolente". Incidió, en este sentido, en la gran pérdida que supone "no tener memoria, no recordar nuestro tiempo pasado, porque nuestra vida quiere un sentido y un horizonte", pero hay que "entender nuestro pasado para afianzar el presente y construir el futuro".

UNA HUMANIDAD MEJOR

El párroco de Ayerbe expresó la gratitud que todos debemos a Manuel Sarasa porque, con su trabajo y con su testimonio, ha ayudado a levantar "un poquito si cabe la humanidad".

Concluida la liturgia, una comitiva de veinticinco personas acompañó el cuerpo hasta el cementerio de la villa, con la Guardia Civil facilitando todo el trayecto exactamente igual que hizo a lo largo de toda la mañana para que todo transcurriera con la máxima fluidez.

El arranque hacia el camposanto fue secundado con otra ovación hacia Manuel Sarasa, entre las lágrimas, el silencio y la admiración arraigada en la atmósfera ayerbense de sus familiares, de sus amigos, de sus compañeros de Araclon Biotech, de representantes de organizaciones de alzhéimer y de sus conciudadanos. Previamente, Manuel Sarasa había sido también despedido con el mismo pesar e idénticos reconocimientos en Zaragoza. Aquí, ha dejado la huella de la esperanza.

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