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¿QUIÉN SOY?

Fernando Lafuente: De la imaginación a la capacidad de emprender

"En toda mi etapa de salesianos no fui capaz de hacer corriendo una vuelta al campo del seminario"

Fernando Lafuente: De la imaginación a la capacidad de emprender
Fernando Lafuente: De la imaginación a la capacidad de emprender
S.E.

HUESCA.- Una casa familiar al final de la calle Padre Huesca esperaba a Fernando Lafuente Aso cuando nació el 18 de abril de 1960. Sus abuelos maternos y una tía en el bajo; sus padres, Julián y Patro, en el primero y otros tíos y primos en el segundo. Su padre trabajaba en la Hidro y su madre, costurera, regentaba Retales Patro, por lo que todavía a Fernando le saludan como "el hijo de Patro". Era un niño "tímido" -al que no le costó espabilar-, que tiraba mucho de imaginación, transformada más tarde en capacidad de emprender. Con inclinación por las ciencias, estudió Ingeniería Técnica Electrónica, cercana a su padre -que falleció cuando él tenía 16 años en un accidente laboral-, que siempre le decía: "Tú de mayor tienes que ser perito".

Su campo de juegos era la casa de sus primos y la plaza Santa Clara, pero también la plaza de la Catedral, porque su abuela paterna vivía en la calle Las Cortes, donde él pasaba mucho tiempo. Cuando tenía unos 4 años, la familia se mudó a la calle Zaragoza, frente a la estación, y ahí se juntaba con unos vecinos de su edad de los que ya no se ha separado, y con los que en aquellos años se divertía "jugando en el paseo de la Estación hasta el Banco Azul y en los campos que hoy son la zona de Los Olivos".

En su casa había mucho trajín por el trabajo de su madre, que enseñaba costura. "Se juntaban 15 ó 20 mujeres, por lo que yo me metía en mi cuarto y ahí con mucha imaginación me entretenía solo", haciendo batallas con un ejército de lentejas contra garbanzos. Era también habitual encontrarle en casa de los Gayarre, donde se lo pasaba "en grande", y solo le hacía salir a regañadientes su padre llamándole para que volviera.

Estudió en Salesianos, de donde guarda buen recuerdo. Le salta a la memoria Jesús Domeño, con quien mantuvo una gran relación, y le introdujo un año en la rondalla, afición que recuperó un tiempo en la Orquesta de Pulso y Púa Atenea. Era buen estudiante, y sobre todo se inclinaba por Matemáticas, Física y Química. La media bajaba en Gimnasia. "Para los deportes era un negado. Era alto, grande y torpe. Correr no ha sido mi fuerte. Solíamos ir al campo de fútbol del Seminario y en toda mi etapa en Salesianos no fui capaz ni una vez de acabar corriendo una vuelta". Por altura le hicieron probar el baloncesto, pero tampoco. Solo al final el voleibol logró atraparle algo.

Tras finalizar su etapa en Salesianos estuvo buscando su camino, y una de las facetas que probó fue apuntarse a la academia de contabilidad y cálculo mercantil de José María Garcés Constante. El camino trazado acababa en un banco, pero haciendo la mili a los 18 años (haberla terminado era el primer requisito para poder trabajar) decidió retomar los estudios y la compaginó con el COU nocturno. Acto seguido cursó Ingeniería Técnica en Electrónica en La Almunia de Doña Godina, tras lo que se ha movido por el mundo empresarial, de la política y desde hace dos años se ocupa en Cruz Blanca de la empresa de inserción para personas en riesgo de exclusión.

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