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María Jesús Sanvicente: Una empresaria tras el "altar" de La Confianza

"Mi padre era muy feliz en la tienda, nunca se quejaba, y cuando lo ves quieres que esa felicidad continúe en ti"

María Jesús Sanvicente: Una empresaria tras el "altar" de La Confianza
María Jesús Sanvicente: Una empresaria tras el "altar" de La Confianza
S.E.

HUESCA.- María Jesús Sanvicente (27 de septiembre de 1945) nació en Bentué de Rasal porque entonces se daba a luz en casa de las abuelas, pero sus padres, Víctor y Carmen, vivían en el número 2 de la calle Cuatro Reyes de Huesca y el negocio familiar era La Confianza, una tienda que sigue siendo su vida. María Jesús es la primogénita, luego llegaron Ana, Mamen y Bibí -su hermano Víctor murió siendo muy pequeño-, y juntas forman una piña a la que han ido sumando escamas sus respectivas familias.

Vivió su infancia en la plaza del Mercado, los claustros de San Pedro y, sobre todo, La Confianza, en un barrio habitado entonces por muchos matrimonios jóvenes donde los niños disfrutaban de una "convivencia encantadora". En el mercado lo más habitual era esconderse en la bodega; en los porches de la plaza, jugar a la cuerda, y en San Pedro a pasar de un capitel a otro y ocultarse "entre las tumbas de Alfonso y Ramiro" bajo la mirada de Pilar "la de los claustros" -como la recuerdan-. La Confianza era otro espacio habitual para juegos y alguna trastada ("abrimos un bidón de aceite") que podía acabar con las niñas castigadas de rodillas en la tienda, "algo hoy impensable que sin embargo no nos supuso ningún problema". Otra distracción al llegar a casa era poner una banqueta y una hermana a cada lado jugar a vender y comprar. "Estábamos bajo la influencia de los genes de mi padre que era muy comerciante", dice. El domingo era el día del Teatro Principal, el parque y el "Coso arriba, Coso abajo". Y en verano llegaba el "cambio de aguas" y las hermanas iban uno o dos meses a casa de sus tíos en Rasal, Arguis y Loarre.

Era una niña muy obediente y al ser la mayor tenía que "dar ejemplo", como le decían sus padres. "Lo asumí desde el principio sin ningún trauma y aun hoy, cuando nos reunimos las hermanas, siempre acaban diciendo: "Lo que diga María Jesús", recuerda divertida.

Estudió en Santa Ana. Su padre les llevaba a ella y a su hermana Ana en la bici, una delante sentada de lado y otra -generalmente ella- detrás a "escarraminchas". A los 14 años, a punto de hacer la Reválida, su padre le fue a buscar al colegio y le dijo que tenía que ayudarle en la tienda, que podría hacer el examen en septiembre y estudiar Magisterio al mismo tiempo que trabajaba. Y así fue. Acudía a alguna clase de oyente y se examinó por libre en Zaragoza. "Lo volvería a hacer. Tengo un agradecimiento infinito. Gracias a mis padres y hermanas, tuve vocación de servicio. Mi padre era muy feliz en la tienda, nunca se quejaba ni estaba de mal humor, y cuando lo ves quieres que esa felicidad continúe en ti". Esa sigue siendo su base, tras el mismo mostrador -un altar para ella- desde donde "dignifico no solo a mis padres y a mi marido, sino a los clientes, amigos, que han pasado por ella y gracias a los que sigue viviendo". Su trayectoria ha sido brillante, con muchos reconocimientos, como el de Mujer Empresaria Europea 2011, y ha logrado que el ultramarinos más antiguo de España siga en forma a punto de cumplir 150 años.

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